Cómo sanar tu transgeneracional desde el amor

Muchas personas en su “deseo” de sentirse bien y vivir mejor, empiezan a abrirse a nuevas disciplinas y a avanzar en su desarrollo personal y espiritual. Es lo que me pasó a mí. Recibí un pronóstico desalentador y como me negué a aceptarlo, busqué hasta que encontré lo que me reconectó con la salud.

Muchas personas que como yo optan por escuchar al cuerpo descubren el mindfulness, el yoga, la Biodescodificación y el estudio del árbol genealógico o transgeneracional. 

El estudio del árbol genealógico, también llamado estudio transgeneracional, es algo apasionante. 

Fue la psicóloga Anne Schützenberger, nacida en 1919 en Francia quien después de haber estudiado con los mejores psicoanalistas de la época, trabajó con pacientes oncológicos y llegó a descubrir amargas “coincidencias” entre las personas que trataba y miembros de sus familias respectivas ya fallecidos. Ella los llama fenómenos de repetición e identificación. Es por eso que propuso utilizar la genealogía en psicoanálisis para buscar, en las evidencias de nuestros ancestros, las raíces de nuestros problemas de salud física o dificultades psicológicas.

¿Qué es el transgeneracional?

El estudio del árbol genealógico o transgeneracional es una metodología que nos permite encontrar soluciones a problemas heredados inconscientemente. Se basa en la existencia de un inconsciente colectivo, familiar o grupal, que transmite información de una generación a otra. Esta transmisión no tiene que ser expresada en palabras, con fotografías ni con actos voluntarios. Va mucho más allá de lo que se cuenta, de lo que se sabe y se acepta en la familia. Es una comunicación que no busca los caminos de nuestra mente consciente. Por ello, el análisis del Transgeneracional nos permite unir el pasado, el presente y el futuro de nuestra vida y de la de nuestra familia para dar sentido a la trayectoria familiar en la que nos incluimos y en la que evolucionamos.

Por si es la primera vez que escuchas hablar de este tema voy a explicarlo de forma sencilla. 

Lo que la gran Anne Schützenberger propone es estudiar las conexiones invisibles que van más allá de lo que conocemos de nuestra familia, y que pueden llegar a marcar nuestra vida. 

Ella trabajaba con un amplísimo árbol genealógico en el que no solo anotaba los hijos, matrimonios y defunciones. Ella llega al detalle anotando en el árbol hechos reseñables para la familia como migraciones, enfermedades, abortos escondidos, hijos fuera de matrimonio y cualquier otra circunstancia que pueda haber afectado positiva o negativamente a la familia. 

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¿Para qué sirve el estudio del transgeneracional?

Para llegar a una comprensión absoluta de las circunstancias que sostienen emocionalmente a nuestra familia y que se están transmitiendo de forma inconsciente de una generación a otra y puede estar impactando negativamente en la vida de los miembros de la familia. 

Por cierto, que este texto que estás leyendo es un capítulo de mi libro “Desmontando Películas Mentales: 33 películas a las que poner fin en tu mente para ser más feliz” que puedes adquirir aquí 

En este capítulo hablo de esa película mental que se montan algunas personas por la que echan la culpa de todo a sus ancestros (y se quedan sin hacer nada. No sé si te sonará de algo esta actitud 😉 )

El origen y nacimiento del Transgeneracional

Plasmo aquí un fragmento de una entrevista que le hacen las autoras Patrice Van Eersel y Catherine Maillard y que aparece en la obra “Mis antepasados me duelen” (2002). La traducción del francés es de Carolina Forero. Dice Ann Schützenberger:

Durante los años setenta yo iba a acompañar y hacer seguimiento a domicilio (en París) a una joven de origen sueco de 35 años que se sabía condenada a un cáncer terminal, no quería morir “cortada en pedazos como un salchichón” y pidió auxilio.

Acababan de amputarle por cuarta vez una parte del pie y los médicos estaban listos para cortarle otra parte más arriba. Como yo tenía una formación psicoanalítica freudiana le pedí a la joven que se dejara llevar y me hablara libremente de todo lo que le pasaba por la cabeza por asociación de ideas. Como ustedes saben un análisis es largo -a veces muy largo- y este ejercicio hubiera podido llevar diez años. Pero ella no tenía todo ese tiempo. Estaba en una carrera contrarreloj con la muerte. Sucede, que en su casa reinaba una foto de una mujer muy bella en la pared de su sala.

Mi paciente me contó que se trataba de su madre, muerta por cáncer a la edad de treinta y cinco años. Yo le pregunté entonces por su edad… “treinta y cinco” me dijo. Yo dije: “¿ahh?” y ella replicó: “¡ohhh!”

Tuve de pronto la impresión de que esta joven se había identificado inconscientemente hasta tal punto con su madre que se había programado para repetir su destino trágico. A partir de ahí todo cambió tanto para ella como para mí.

Pregunta: ¿cómo explicarse estas repeticiones? ¿Por qué repetimos cosas vividas por nuestros padres o nuestros ancestros?

A.A.S: Repetimos los mismos hechos, las fechas, o las edades que han escrito la historia familiar para ser fieles a nuestros padres y demás ancestros y por lo tanto a sus actos, gestos y tragedias. Es una manera de seguir la tradición familiar y de vivir conforme a ella. Es esta lealtad la que empuja a un estudiante a fallar el examen que su padre nunca logró pasar, en el deseo inconsciente de no sobrepasarlo socialmente. O a heredar su oficio o profesión de luthier, notario, panadero o médico. O en las mujeres a casarse a los 18 para tener tres hijos y si es posible tres niñas… o solo niños.

A veces esta lealtad invisible sobrepasa los límites de lo verosímil, y de igual forma ocurre: ¿Conoce usted la historia de la muerte del actor Brandon Lee? Murió durante el transcurso de un rodaje porque de forma incomprensible alguien había olvidado una bala verdadera en un revólver que debía estar cargado con balas de salva. Justo 20 años atrás, su padre, el célebre Bruce Lee, murió en pleno rodaje, a causa de una hemorragia cerebral durante una escena en la cual él representaba a un personaje muerto accidentalmente por un revólver que debía estar cargado con balas de salva…

Estamos literalmente impulsados por una potente e inconsciente fidelidad a nuestra historia familiar y nos cuesta un trabajo enorme inventarnos algo nuevo para nuestra propia vida. En algunas familias uno ve el síndrome de aniversario repetirse -bajo la forma de enfermedades, muertes, abortos, o accidentes- en tres, cuatro, cinco y ¡hasta ocho generaciones!

Pero parece haber además otra razón oscura por la cual nosotros repetimos las enfermedades y los accidentes de nuestros ancestros. Tome cualquier árbol genealógico y verá que está lleno de muertes violentas, adulterios, anécdotas secretas, hijos naturales y alcohólicos. Son cosas que se esconden, heridas secretas que no se quieren mostrar. Entonces ¿qué es lo que pasa cuando, por vergüenza, por conveniencia o para “proteger” a nuestros hijos o la integridad de la familia, no hablamos del incesto, de la muerte sospechosa, de la ruina del abuelo?

El silencio familiar sobre un hecho concreto crea una zona de sombra en la memoria de un hijo de la familia, quien, para llenar este vacío y eliminar las lagunas de sentido repetirá en su cuerpo o en su existencia el drama que intentan esconderle. Freud ya decía (y lo cito de memoria) que “lo que no se expresa con palabras se expresa con los dedos”. Yo pienso, como lo escribí en mi libro, que: “Lo que se calla en las palabras se imprime, se repite y se expresa por los males.”

P.: Entonces, estas evitaciones pueden transmitir una información en negativo, como en “bajorrelieve”.

A.A.S: somos ya muchos terapeutas en Francia, en Europa, en América del Norte y del Sur, en Africa, en el medio Oriente, que hemos constatado esto en nuestros pacientes.

P.: ¿Quiere usted decir que las imágenes y los secretos de familia pasan de una generación a otra por una especie de telepatía?

A.A.S: No. Pasan a través de la unidad dual madre-hijo. Y también puede ser que a través de una “memoria transgeneracional” . Creo que durante su crecimiento en el útero, el niño sueña como sueña su madre y que todas las imágenes del inconsciente materno y del co-inconsciente familiar pueden dejar impresiones en la memoria del niño que va a nacer. 

El síndrome de aniversario en el árbol genealógico

P.: Entonces, la fidelidad a nuestros ancestros nos gobernaría, nuestro inconsciente nos empujaría a honrarlos a través de medios sorprendentes como provocarnos un cáncer nosotros mismos hasta un accidente automovilístico.  ¿Nos podría ampliar esto en términos médicos?

A.A.S: Precisemos mejor mi punto de vista y el de algunos de mis colegas. Jamás dije que se tratara de “honrar a los ancestros”… esa frase no es mía. No se trata de eso sino de repetir tareas interrumpidas, inacabadas, de duelos no elaborados después de traumas insoportables, indigestos o no digeridos -si usted me permite estas expresiones- que se nos quedan “en el estómago” e impiden que nuestros duelos se expresen provocando otras manifestaciones en nuestra descendencia: genocidios, pérdida de las raíces, pérdida de una tierra, una gran injusticia…

En realidad esta forma de repetición mórbida (que algunos llaman “maldición”) revela un mecanismo que la medicina conoce cada vez mejor [y llamamos el síndrome de aniversario]

Toda muerte o idea de muerte produce en el ser humano una depresión. Perder su casa o su empleo supone también el poder y la necesidad de hacer su duelo. Una vez que pasa la rebelión contra lo inaceptable, la tristeza del duelo provoca un debilitamiento inmunológico. Una gran cantidad de personas “deciden” entonces de forma completamente inconsciente morir a una edad precisa: “si mi mamá murió a los 35, yo no voy a sobrepasar esta edad” se dice la mujer.

A dicha edad, ella cae en una depresión que debilita su sistema inmunológico hasta el punto de dar paso a un cáncer. Es el mismo mecanismo para el accidente de automóvil: cuando llega la fecha del aniversario de un trauma escondido en la familia, la persona puede empezar a tomar riesgos insensatos y el accidente, evidentemente, se produce. El inconsciente vela sobre todo este fenómeno como un reloj invisible. Es lo que yo he llamado la fragilización del año (o del periodo) aniversario.

P.: ¿Esto se puede evitar? ¿Podemos salir del síndrome de aniversario para nacer libremente a nuestra propia historia?

A.A.S: Para evitar la repetición, hay que tomar consciencia. Recordemos a la joven de origen sueco. Cuando le ayudé a darse cuenta de que, si ella sucumbía a su cáncer, ya no habría nadie para ponerle flores a la tumba de su madre y que además ella habría querido verla vivir por mucho, mucho tiempo. Para ella esta realización fue una especie de shock y se operó un cambio radical en su vida y en su enfermedad.

Recuperó las ganas de vivir, sus metástasis cedieron, recobró peso y energía, retomó su trabajo… se puso una pierna artificial y hasta aprendió a esquiar y a conducir un automóvil acondicionado especialmente para ella. Estaba tan radiante que aquellos que la habían cuidado no la reconocían. Si el origen del dolor, de la enfermedad, del mal, está cerca de la consciencia, visualizar la historia de la familia de un solo vistazo, en siete generaciones, es decir, reubicarla en su árbol genealógico, en su contexto psico-político-económico-histórico sobre un centenar de años y reconocer de golpe la repetición, puede ser suficiente para crear una emoción tan fuerte capaz de liberar al enfermo de sus lealtades familiares inconscientes.

Personalmente, únicamente haciendo trabajar a alguien sobre su familia, sobre su árbol genealógico y sus secretos, con frecuencia logro poner al día en dos o cuatro horas lo que uno se podía demorar años en “sacar a la luz” en el diván. La realidad de los hechos y su repetición saltan a la vista. Se puede ver claro casi de inmediato.

Pero desconfiemos, con Freud, de la catarsis no seguida de “perlaboración” (el famoso working through, largo trabajo sobre sí mismo, sobre sus sueños, sus asociaciones de pensamiento, sus lapsus, que completan la cura analítica). Recordemos que Freud, en una de sus notas de pie de página planteaba el problema de las recaídas al finalizar la terapia y comparaba la cura a una sinfonía, en la cual los temas se desarrollan y retoman en diversos registros, muchas veces antes de estallar justo al final.

Los secretos ocultos y la lealtad familiar

También ocurre a veces que el secreto está tan bien guardado que la toma de consciencia se vuelve imposible. Hay que recurrir entonces a los sueños, a las asociaciones de ideas- en diálogo con el terapeuta como en el caso de Winicott, inventor del co-dibujo- o a los ecos personales y a los intercambios en pequeños grupos de terapia, en donde se ponen en escena las vivencias familiares, como en el psicodrama.

El hecho de poner en escena la situación antigua de forma integral, a través del cuerpo entero y no solo a través de la palabra ayuda a revivir la emoción de aquello que fue ocultado y permite expresar los sentimientos reales y la tensión que pudo crearse entre lo que se nos esconde y lo que de todas maneras presentimos. Hablar, llorar, gritar, previene la conversión del malestar psíquico en síntoma somático. De allí la importancia de poder expresar las emociones, los verdaderos sentimientos, sin moderación, ni pudor, los secretos, los no dichos, los traumas escondidos, los grandes dolores y los duelos no hechos.

P.: En “Ay mis ancestros” usted hace con frecuencia referencia al psicoanalista húngaro Iván Boszormenyi-Nagi. ¿Qué fue lo que él puso en evidencia?

A.A.S: En su práctica clínica hacía hablar a sus pacientes de su familia porque, según él, el objetivo de la intervención terapéutica consistía en restituir una ética de las relaciones transgeneracionales. Sus conceptos claves de “lealtad familiar invisible” y el “gran libro de cuentas familiares” iluminaron muchísimo mi trabajo.

De la lealtad de los miembros de un grupo depende la unidad del mismo. Esta lealtad debe ponerse en relación con las motivaciones y los actos de cada uno de los miembros del grupo. De allí otro concepto: aquel de la justicia familiar. Cuando la justicia falla, esto se traduce en mala fe, o en la explotación de miembros de la misma familia por parte de los otros, o en la aparición de patologías o en accidentes repetitivos. Mientras que en el caso contrario hay afecto y cuidado recíproco pues las cuentas familiares están al día.

Podemos hablar del balance de las cuentas familiares o de un gran libro de las cuentas familiares en el cual se puede verificar si uno está en crédito o en débito. Si usted arrastra deudas y obligaciones sin pagar de generación en generación se arriesga a tener todo tipo de problemas – acuerdos de herencia injustos, querellas, rupturas “anormales” … una de las deudas familiares clásicas es una muerte vivida como “tan injusta” que el duelo no se puede llorar, decir, vivir y el dolor queda abierto prácticamente para siempre.

Las deudas familiares en el árbol genealógico

P.: ¿Nos puede usted dar otros ejemplos de deudas en las cuentas familiares?

A.A.S: La deuda más importante de la lealtad familiar es aquella que cada niño contrae con sus padres a causa del amor, la fatiga y los cuidados que recibe de ellos desde el nacimiento hasta la edad adulta. Pagar esta deuda es de orden transgeneracional, es decir, que lo que recibimos de nuestros padres, se lo entregamos a nuestros hijos, etc. Ocurre a veces, que hay una distorsión patógena entre los méritos y las deudas.

Tomemos un ejemplo: hay familias en las cuales la hija mayor detenta el rol de madre con respecto a los demás hijos y a veces con respecto a su propia madre. Es lo que llamamos parentificación. Un hijo que debe hacer el papel de padre o madre muy joven se encuentra en desequilibrio relacional significativo. En realidad es difícil comprender los vínculos transgeneracionales y el libro de los méritos y las deudas pues nada está claro. Cada familia tiene su propia manera de definir la lealtad familiar. Pero el estudio transgeneracional puede aportar un esclarecimiento decisivo.

P.: Encontramos en su trabajo una aproximación antropológica en la cual usted insiste sobre la importancia vital de las reglas familiares…

A.A.S: No es gratuito que yo haya decidido ser analizada por un antropólogo. El enfoque antropológico contextual es fundamental. Hay que reubicar a las personas y los acontecimientos en su contexto y comprender las reglas familiares y sociales de la época, del medio, del lugar preciso.

Citemos algunas reglas familiares que uno encuentra a menudo. Existen familias del tipo cuidador-cuidado: algunos miembros cuidan de otros miembros que están enfermos. Existen familias en las cuales la regla es hacer todo lo posible para que el hijo estudie- el mayor, jamás será una hija sino siempre el primer hijo hombre. También hay familias en las que se fabrica un sucesor “mayor” para retomar los negocios familiares. En otras familias, varias generaciones cohabitan sistemáticamente bajo el mismo techo. En otros casos solo uno hereda y los otros parten lejos o le sirven…

Cuando uno observa un genosociograma es esencial fijarse bien en qué reglas están en vigor y quién las elabora. Puede ser un abuelo, una abuela, un tío… cuando uno comienza a comprender estas reglas, uno puede intentar ayudar a la familia a alcanzar una relación menos disfuncional y un mejor equilibrio de las deudas y los méritos de cada uno. Hay cosas que no son fáciles de entender cuando uno descifra una familia.

P.: Usted también se ha interesado en el fracaso escolar ¿según usted este sería a menudo de orden transgeneracional?

A.A.S: Mi enfoque es a la vez contextual, sociopsicológico, psicoanalítico, transgeneracional, etnológico y etológico. Cada una de estas ciencias es importante y sus aportes son complementarios. En el caso del fracaso escolar, hay que agregar el aspecto socioeconómico de estas lealtades familiares brillantemente analizadas por Vincent de Gaulejac quien, debo decirlo, iluminó bastante mi linterna.

Demuestra de forma notable hasta qué punto es difícil para un buen hijo o para una buena hija sobrepasar el nivel de estudios de su padre o de su madre: se enfermarán la víspera del examen, o perderán el tren, o tendrán un accidente en el camino o simplemente olvidarán poner el despertador en la mañana… actuando así, responden inconscientemente al mensaje doblemente restrictivo de su padre o de su madre, la famosa doble atadura “haz como yo pero sobre todo no hagas lo mismo que yo” más precisamente: “Hago todo por ti y deseo tu éxito… pero temo terriblemente que me superes y que nos abandones” entonces estos mensajes, estos actos fallidos datan la mayor parte del tiempo de las generaciones precedentes.

En esos casos de fracaso estudiantil se da también la fidelidad a los ancestros que se ha vuelto inconsciente o invisible nos gobierna.

P.: Nuestro destino individual puede ser guiado por la historia de las generaciones anteriores. Lo cual significaría que un evento vivido por un ancestro cincuenta o cien años antes puede orientar las decisiones de una vida determinar las vocaciones, detonar una enfermedad e incluso provocar la caída accidental por la escalera de un tataranieto. ¿Qué queda entonces del libre albedrío?

A.A.S: Todo. Porque la elección nos es dada a partir de la posibilidad de liberarnos de la repetición familiar para reconquistar nuestra libertad y nacer por fin a nuestra propia historia.

Cómo estudiar correctamente el árbol genealógico

Hace unos años que surgió el boom del transgeneracional entre personas interesadas por el autoconocimiento y el desarrollo personal. 

Y como todo efecto que se masifica, está la posibilidad de que llegue a niveles de excelencia o de miseria absoluta. 

De repente, todo el mundo quería saber si era doble del tío soltero del abuelo para ver si había heredado algo. Y no de dinero, que ya se sabía que no, si no del don natural que tenía para ligarse a quien quisiera. 

Y de repente también, la gente, viendo un vídeo en Youtube ya era experta y se dedicaba a decirle a otra gente que eso de no ligar ni a las cinco de la mañana era por ser un hijo no deseado, y que iba a cargar toda su vida con esa desgracia de no recibir atención ni amor. Así sin ni siquiera saber ni un poquito de la historia de esa familia. Solo repitiendo como loros lo que habían oído a otros. 

A mí se me han puesto muchas veces los pelos de picos pardos al escuchar eso. 

No sé si te has puesto delante de tu árbol genealógico o no, pero el día que lo hagas, tienes que tener muy claro que lo que no se hace es analizar la historia familiar para buscar culpables y echarse a dormir. 

El estudio correcto del árbol genealógico se hace para encontrar explicación lógica y emocional a las circunstancias actuales de tu vida. 

La intención de nuestro inconsciente biológico y familiar es que nos mantengamos vivos el máximo tiempo posible. Para eso, se van incorporando aprendizajes que se transmiten de forma inconsciente de una generación a otra.

Ejemplo: el maltrato en el árbol genealógico

Imagínate que tu tatarabuela fue maltratada por su marido y perdió un hijo en una paliza. De las hijas que sobrevivieron, dos fueron también maltratadas físicamente hasta el punto de tener que huir y cambiarse de pueblo para no morir en manos de los agresores. Las hijas de estas hijas, también se han encontrado con hombres que les han maltratado física y psicológicamente. 

El inconsciente biológico va incorporando una información generación tras generación, por la que llegará una mujer a esa familia que será la que pondrá fin a esa situación porque el mensaje de “hay hombres peligrosos que maltratan a las mujeres” tomará la suficiente fuerza como para ser tenido en cuenta. 

Y de este tipo de mensajes pueden surgir mujeres en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que “casualmente” tienen puestos relevantes, mujeres jueces, fiscales o abogadas o mujeres que dedican su vida a enseñar defensa personal. 

Son cuestiones que las puedes mirar desde la perspectiva de la casualidad, o puedes entender que hay un asunto que no está resuelto en la familia y que te ha sido entregado para resolverlo. 

Anne lo aplicó en pacientes oncológicos, imagínate qué trascendental puede llegar a ser.

Pero nunca lo utilizó para culpar de los males de una persona a otra de una generación diferente. He oído muchas veces cosas como “nací el mismo día que mi abuela, a la que le fue infiel mi abuelo toda la vida, y por eso yo no encuentro hombres fieles”. Y no va por ahí. 

Lo primero, acércate a tu árbol genealógico con respeto, amor y comprensión. 

Hay que aceptar que todos lo hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían. Y sí, aunque fueran maltratadores, lo hicieron lo mejor que pudieron con el odio que tenían dentro, con la enfermedad mental o con la ausencia de cariño con la que se criaron. 

Les entendemos aunque no les justifiquemos. Podemos entender que lo hicieron como pudieron, eso sí, y si hubo un delito tenían que pagar por ello. 

Si el destino ha querido que yo naciera el mismo día que mi abuela, y además ha querido que me enterase de las infidelidades que aguantó, porque de todos los secretos de la familia ha trascendido solo este, es porque mi misión es superar esa situación, pero sin caer en la culpa ni en el victimismo. Me tengo que plantear qué voy a hacer para cambiar mis creencias sobre las relaciones de pareja, qué voy a hacer para poner límites, para crecer en autoestima o para cambiar mi sutuación de dependencia emocional. 

Tengo que ser muy, muy consciente de qué patrones puedo estar repitiendo: ser una mujer sumisa, no poner límites, no respetarme, no defenderme… para atravesar todas las dificultades que encuentre hasta ser la mujer que no soporta infidelidades. 

Conclusiones 

No te acerques a tu árbol como si fuera una novela turca a la que criticar sin descanso. Para sanar el árbol genealógico hay que ponerle muchas dosis de amor. Lo que no hacemos es culparles de nuestros males y después, sentarnos a limpiar la carcasa del móvil esperando que la vida deje de ser tan cruel. 

Una vez que descubres un patrón familiar que se repite en tu vida o una historia secreta que estaba oculta, se ponen los medios para superar o cambiar esas circunstancias. Y no es de un día para otro. Lo más normal es que sea un proceso largo. 

Puede haber cambios y tomas de conciencia que se incorporen rápido en nuestra vida, pero la mayoría suceden más despacio. El desarrollo personal no es fast food. 

Y para terminar cerraré con otra frase de Anne Ancelin Schutzemberger: 

“Somos menos libres de lo que creemos, pero tenemos la posibilidad de conquistar nuestra libertad y de salir del destino familiar repetitivo de nuestra historia, comprendiendo los vínculos complejos que se han tejido en nuestra familia e iluminando los dramas secretos, los no dichos y los duelos inconclusos…”.

 

 

PD. Si quieres comenzar con tu árbol genealógico y no sabes por dónde empezar, no te preocupes. En este vídeo de mi canal te explico cómo hacerlo ttps://www.youtube.com/

 

Bibliografía:

Mis antepasados me duelen de  Patrice Van Eersel y  Catherine Maillard . Traductora Mireia Terés Loriente. Editorial Albin Michel, 2002. 

Desmontando películas mentales: 33 películas a las que poner fin en tu mente para ser más feliz de María Pilar Sánchez,. 2019.

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