¿Por qué tienes miedo a sentir?

“La mayoría de las personas tenemos miedo de las emociones y sentimientos; tenemos miedo a sentir.

Pero si confías en que los sentimientos te conducen a algo positivo y que guardan un mensaje para ti, llegas a una comprensión profunda de quién eres.

Cuando ya no tengas miedo de sentir, dejes de juzgar y te permitas sentirte tal como sientes, darás un paso enorme en tu desarrollo personal porque serás capaz de entrar en otro nivel de autoconocimiento.

Evitas situaciones para mantener el control

Deja de evitar situaciones para creer que controlas la vida.
Sumérgete en la vida porque no es que no sepas qué hacer con tus sentimientos, es que tienes miedo de ellos.

No sabes qué hacer con ellos cuando los experimentas. Te dan una sensación de no tener poder en tu interior, de manera que asocias los sentimientos con una sensación de: «¡Oh, no, Dios mío, ¿qué hago ahora?!».

Existe una frontera en tu sistema de creencias que establece que cuando surge algo emocional que te provoca sentimientos de dolor, miedo o de rabia, entonces no es algo bueno.

La rabia sirve a un propósito y tú quieres acabar con ella: quieres esconderla bajo la alfombra y actuar como si fuera algo malo. Actúas como si se tratara de vegetales podridos, quieres deshacerte de ella y enterrarla en el jardín como si no sirviera a ningún propósito.

Tanto el miedo como la rabia tienen un propósito. Si te permitieras expresar y experimentar tus miedos y tu rabia aprenderías algo. Si intentas desesperadamente evitar el miedo y la rabia porque temes a estas emociones, evitas el aprendizaje que está llegando a través de estas emociones.
Te hacen romper tus fronteras personales de identidad y comportamiento; y, sencillamente, tienes miedo de experimentar esto.

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La mayor parte del tiempo, lo único que te importa es ser aceptado. Sientes que nadie te querrá si haces ciertas cosas de cierta forma, de manera que no te das permiso de tener esos sentimientos. Esto es lo que provoca la rabia. Sientes rabia porque juzgas lo que puedes y lo que no puedes hacer.

Si no te permites sentir, no puedes aprender.

Los sentimientos te conectan con la vida.

Te comportas como una persona desconfiada y dominante con tus sentimientos cuando no permites que afloren algunos de ellos o los juzgas cuando aparecen, en lugar de observar a dónde te llevan y lo que hacen por ti.

Cuando tienes miedo de algo, evitas experimentarlo porque levantas una pared que dice:
«si entro ahí lo pasaré mal».

Pones los frenos.

Por eso, a veces, lo mejor que se puede hacer es decir, sencillamente:
«Qué diablos, entraré ahí. Me rindo».

Vas a tener que lidiar con todas tus fronteras por la sencilla razón de que eso es precisamente lo que no quieres hacer.

Te encantaría decir:
«Dorado Polvo de Estrellas, elimina todo aquello que me ha limitado. ¡Bum! ¡Soy libre!».

Sería genial, pero no funciona.

Quieres barrer las dificultades bajo la alfombra diciendo: «No quiero hacer estas cosas», cuando en realidad las dificultades son piedras preciosas.

Prueba a decir:
«Esto es interesante».

Mira las fronteras que te has trazado y, en lugar de insultarlas, simplemente obsérvalas, a ver si logras descubrir cómo surgieron. Mira cuál es el propósito al que obedecen; en qué tienda las compraste.

Tan pronto como aceptas, reconoces y te dispones a dejar ir algo, esto se mueve.
Cuando te aferras, tienes miedo o piensas: «Me gusta esta frontera, me sirve [por ejemplo para atraer atención y cariño de los demás siendo una víctima]», entonces te limitas.

Debes aprender a amar tus emociones. Mientras sigas describiendo algo como difícil, lo estarás haciendo difícil.

Nadie más es responsable.Te estás resistiendo y juzgando los cambios que se avecinan. Estás sintiendo que no sabes qué está pasando, y te gustaría controlarlo.
El control es algo muy conveniente y muy cómodo pero debe ser aplicado en el sitio correcto y en el momento correcto, como la cola de impacto.

El pegamento en un lugar inapropiado no resulta muy útil. ¿Alguna vez te has pegado los dedos con cola de impacto?

Debes aprender a ejercer control sobre el modo de aplicar la cola. Si lo haces mal, te quedas pegado y no puedes hacer nada.
El control es igual: te quedas atascado, y te quedas pegado a algo que no te hace falta. Debes ser muy selectivo acerca de lo que decides controlar o dejar de controlar porque el  paradigma existente, dice:
«Debes controlarlo todo».

Conecta tu cuerpo a tus sentimientos

Si el cuerpo no está conectado al sentimiento la mente lógica se pondrá en acción cuando pase algo.

No te resistas al cambio. No pienses que pierdes el control porque no sabes lo que se avecina y tus emociones escapan a tu control. Tus emociones, sencillamente, están intentando mostrarte algo, pero no te gusta porque piensas que tus emociones interfieren o porque te avergüenzan.

Sé inteligente.

La próxima vez que te encuentres en una de estas situaciones emocionales, di interiormente:
«Está bien, sé lo que está pasando; no permitiré que esto me atrape. Sé que tengo algo que aprender de esto, y que hay algo que debo cambiar.»

Cuando «algo» activa tu centro de sentimiento y te provoca incomodidad, enfréntate a los sentimientos que no te gustan. Ésa es tu esencia.

Esos sentimientos son tus joyas, tus tesoros, tus piedras preciosas que te enseñarán algo acerca de tu identidad. Son tu plataforma de lanzamiento, y nunca acabas con ellos.

A medida que aumenta tu consciencia, vas adquiriendo una amplia comprensión de quién eres.

Cuando sientes miedo o te cierras, cuando le echas la culpa a otro o cuando estás en la negación, te atascas.

Las emociones te conectan con tu cuerpo espiritual en esta esfera de la existencia. Las emociones y los sentimientos son la clave para permanecer vivos en esta realidad.

Si sientes dolor en tu cuerpo emocional, pregúntate por qué crees que el dolor está ahí, a qué propósito obedece, y por qué eliges crear dolor a través de tus emociones.

¿Por qué no eliges crear gozo?

Todo es una elección.”

 

Texto extraído del libro “Los mensajeros del alba” de Bárbara Marciniak 

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