No caigas en las trampas de tu EGO

Hablamos del ego muchas veces como un obstáculo que superar pero

¿Qué es el ego?

El uso del término “ego” se infiltró en la psicología principalmente a través del trabajo de Sigmund Freud. Él lo definió como la parte de la personalidad que media entre nuestros deseos animales y los estándares morales y sociales.

Se refería a esa parte consciente de la toma de decisiones que consideras como “yo” cuando dices por ejemplo “no me gusta el brócoli” o “decidí cambiar de trabajo” o “anoche soñé que mi casa estaba en llamas”. Ese es tu yo, tu ego.

El ego es la parte que normalmente le muestras al mundo. El ego se rige por el “principio de realidad”, es decir, un enfoque práctico del mundo. Busca convertir los impulsos más primarios de placer en un comportamiento que traiga beneficios a largo plazo en lugar de dolor, pero no es una tarea fácil porque sirve a tres amos: el mundo externo, los estándares sociales y nuestros deseos instintivos. 

El ego es la parte de nuestra mente que ha sido modificada por la influencia directa del mundo exterior.  Representa lo que puede llamarse razón y sentido común, en contraste con esa otra parte nuestra que contiene las pasiones y la búsqueda de la satisfacción personal. La conciencia consciente reside en el ego, aunque no todo lo que hace el ego es consciente.

Ego, egoísmo y egocentrismo

La mayoría de los términos que incluyen “ego” involucran procesos o reacciones en los que el yo figura de manera prominente.

El egoísmo es el excesivo aprecio que tiene una persona por sí misma y que le hace atender desmedidamente a su propio interés, sin preocuparse del de los demás

El egocentrismo también se ha utilizado de varias maneras a lo largo de los años, pero se trata de percibir el mundo e interpretar los eventos desde su punto de vista personal. Todos somos intrínsecamente egocéntricos en el sentido de que nunca podemos liberarnos de nuestro punto de vista físico (puedo percibir el mundo solo desde mi ubicación física en el espacio) o de nuestra perspectiva psicológica personal que está influenciada por nuestras experiencias, metas, creencias e identidades. Las personas difieren en el grado en que pueden salir de su propia perspectiva para ver las cosas desde los puntos de vista de los demás, pero todos estamos encerrados en nuestro propio punto de vista egocéntrico porque no hay forma de que procesemos la información excepto desde nuestro marco de referencia personal.

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Escuchar al cuerpo para no caer en las trampas del ego

Como hemos dicho, el ego tiene una terea difícil: mediar entre el impulso de satisfacer nuestros deseos y la necesidad de estar adaptados a los estándares sociales.

Los estándares sociales no vienen en un manual que nos dan al nacer, vienen determinados por las creencias familiares, por la educación, por la sociedad en la que nos desarrollamos… y muchas veces obedecemos a unas normas sociales que no se adaptan en absoluto a nuestra verdadera forma de vivir la vida. Es ahí cuando entramos en conflicto.

Cuando reprimimos nuestros pensamientos, sentimientos y emociones para adaptarnos a la idea que tenemos de lo que socialmente está permitido de forma continuada podemos exponernos a un gran nivel de estrés.

Por ejemplo, estoy en una reunión de trabajo y tengo mucho hambre. Sé que en la sala de al lado hay comida pero también sé que si me levanto a comer estoy faltando a las normas de la empresa. Mi ego me ayuda a adaptarme pensando que queda poco tiempo para el descanso y aguantándome las ganas de levantarme.

Esto es diferente a si me aguanto las ganas de decirle a mi compañero de trabajo que me tiene que relevar a la hora estipulada, y no media hora más tarde como viene todos los días. Su impuntualidad provoca que no pueda coger el tren, que llegue tarde a casa y no pueda darle la cena a mis hijos (cuando llego mi pareja ya los ha acostado) Eso que me callo puede estar produciéndome mucha impotencia, frustración y rabia. Me callo para no producir una discusión (tal y como mis padres me dijeron que había que hacer) pero las consecuencias de callarme son mucho peores que las de provocar una posible discusión.

Todos esos sentimientos y emociones que callo elevan tanto mi estrés que estoy empezando a sentir fuertes dolores de cabeza y problemas digestivos. Y si escucho a mi cuerpo puedo entender el mensaje que me están enviando esos síntomas y adaptarme a la situación.

Resetear la información que maneja mi ego

Mi ego que está intermediando entre mis deseos de aclarar la situación y lo que moralmente me han dicho que es aceptable, me dice que me calle y aguante, pero mi ego está equivocado. A mi ego le tengo que “hacer entender” que esas normas sociales no son buenas para mí, que se puede actuar de otra forma.

En biodescodificación escuchamos al cuerpo para no caer en las trampas del ego.

El ego no es un enemigo a derribar a toda costa, si entendemos su función podemos convertirlo en el aliado que nos permite despojarnos de creencias limitantes familiares y recuperar nuestro verdadero Ser.

Escuchar al cuerpo y liberar pensamientos y emociones reprimidas por “errores de programación” del ego es necesario cuando somos personas adultas.

Te cuento más sobre el tema en este vídeo:

 

Si necesitas ayuda para comprender el mensaje que te envía tu ego a través de esos síntomas, ponte en contacto conmigo

 

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