En 2010 mi cuerpo se paró.
Yo no estaba simplemente cansada. No era una mala racha. No era “estrés sin más”. Me diagnosticaron fibromialgia y síndrome de fatiga crónica, y llegué a escuchar un pronóstico que me atravesó: una vida en silla de ruedas y sin las capacidades intelectuales que había tenido hasta entonces.
Hoy puedo contarlo desde otro lugar.
No porque tenga una fórmula mágica. No porque crea que todo se resuelve pensando en positivo. Y mucho menos porque piense que una persona enferma tiene la culpa de lo que le ocurre.
Lo cuento porque, en mi propio proceso, comprendí algo que después he visto muchas veces en consulta: hay emociones que no desaparecen porque las ignoremos. Hay duelos, rabia, traiciones, heridas y resentimientos que el cuerpo puede seguir cargando durante años.
Y una de las cargas más difíciles de soltar es esta: la falta de perdón.
No hablo de perdonar para justificar lo que te hicieron.
No hablo de volver con quien te dañó.
No hablo de hacer como si nada hubiera pasado.
Hablo de dejar de vivir atada a una historia que tu cuerpo quizá sigue reviviendo aunque tu mente crea que ya “lo tiene superado”.
Antes de seguir, algo importante: este artículo no sustituye ningún diagnóstico ni tratamiento médico o psicológico. Si tienes síntomas físicos, consulta siempre con profesionales sanitarios. Mi labor es ayudarte a explorar la dimensión emocional que puede estar implicada en tu malestar.
Contenido
- 1 Cuando el cuerpo carga lo que no has podido soltar
- 2 Qué significa perdonar de verdad
- 3 La relación entre el rencor, el estrés emocional y los síntomas físicos
- 4 Por qué sigues bloqueada aunque entiendas que necesitas perdonar
- 5 Los beneficios del perdón
- 6 La Biodescodificación y el perdón
- 7 Mi historia: cuando mi cuerpo me obligó a escuchar
- 8 Cuándo una sesión puede ayudarte a perdonar
Cuando el cuerpo carga lo que no has podido soltar
Hay heridas que no se cierran cuando acaba la situación que las generó .
Por ejemplo, ttermina una relación, pero sigues imaginando conversaciones pendientes.
Pasan los años, pero tu cuerpo se tensa cuando recuerdas aquello.
Dices “ya lo perdoné”, pero por dentro algo se cierra cada vez que aparece esa persona, ese lugar o esa memoria.
Intentas avanzar, pero hay una parte de ti que sigue en defensa.
Eso es lo que muchas veces confundimos con personalidad, carácter o “yo soy así”.
Pero desde una mirada psicosomática, conviene hacer una pregunta más incómoda:
¿Y si no eres rencorosa, sino que tu sistema sigue intentando protegerte de una herida que todavía no ha podido integrar?
El rencor no siempre aparece como odio evidente. A veces aparece como agotamiento, hipervigilancia, necesidad de control, dolor, tensión, insomnio, tristeza, culpa o una sensación permanente de injusticia.

Qué significa perdonar de verdad
Perdonar no significa decir “no pasó nada”.
Pasó.
Y quizá dolió muchísimo.
Perdonar, en un sentido profundo, implica dejar de estar emocionalmente secuestrada por aquello que ocurrió. Es una decisión interna de liberar la carga de resentimiento, ira o amargura que te mantiene vinculada al daño.
Hay quien define el perdón como una decisión intencional de dejar atrás el resentimiento y la ira, y también aclara algo fundamental: perdonar no significa olvidar, justificar el daño ni reconciliarse con la persona que te hirió.
Esta distinción es clave, porque muchas personas no perdonan porque creen que hacerlo sería traicionarse.
Y no.
Perdonar no es traicionarte.
Perdonar es dejar de abandonarte a ti misma dentro de una historia antigua.
¿Qué no es el perdón?
Es conveniente que no nos hagamos ideas equivocadas sobre lo que es perdonar porque la confusión puede llevarnos a mantener elevado nuestro estrés (sin necesidad ninguna).
Aquí te cuento lo que NO es perdonar:
- No es justificar: El perdón no implica excusar o validar el comportamiento ofensivo de la otra persona. Perdonar no significa aceptar que lo que hicieron estuvo bien o es aceptable.
- No es debilidad: Perdonar no es un acto de debilidad, sumisión o resignación. Es un acto de valentía y autocompasión que implica liberarse de emociones negativas que pueden estar afectando nuestra salud emocional.
- No es una reconciliación: El perdón no requiere que restablezcamos una relación cercana con la persona que nos hirió. Puede ser un acto individual y no necesariamente implica una reconciliación o una relación continua con la otra persona.
- No es un proceso inmediato: El perdón no ocurre automáticamente después de un evento dañino. Es un proceso que puede llevar tiempo y requerir mucha consciencia, especialmente si el daño fue significativo.
- No es para beneficio de la otra persona: Perdonar no es un favor que hacemos a la persona que nos lastimó. Es un acto de autocuidado y sanación emocional para nosotros mismos.

La relación entre el rencor, el estrés emocional y los síntomas físicos
Cuando una herida emocional se mantiene activa durante mucho tiempo, el cuerpo no la vive como una idea abstracta. La vive como estrés.
Y el estrés sostenido no es inocuo: puede alterar el sueño, aumentar la tensión corporal, mantenerte en alerta, afectar al estado de ánimo y hacer que vivas como si siempre tuvieras que defenderte de algo.
La investigación sobre el perdón ha encontrado asociaciones con menor ansiedad, estrés y hostilidad, menos síntomas depresivos, mejor salud mental y mayor bienestar.
Estudios recogen beneficios como menor presión arterial, mejor salud del corazón y mayor autoestima, aunque en salud física conviene hablar siempre con prudencia y no como si fuera una garantía automática.
Desde la biodescodificación y la psicosomática, no miramos el síntoma como un enemigo. Lo miramos como una señal.
No para culpabilizarte.
No para decirte “tú te has creado esto”.
No para sustituir la medicina.
Sino para preguntarnos:
¿Qué carga emocional lleva demasiado tiempo sin ser escuchada?
¿Qué historia sigue activa en tu cuerpo?
¿Qué parte de ti continúa atrapada en rabia, culpa, injusticia o dolor?
Los pasos para perdonar
El dr. Frederic Luskin ha desarrollado un método de nueve pasos que expone en su libro «¡Perdonar es sanar! Libérese de los reconres y experimente los beneficios».
Después de haber trabajado con pacientes que han pasado todo tipo de circunstancias adversas, incluyendo víctimas de guerra, estos son los pasos que él señala:
1.Identificar el dolor: El primer paso es reconocer y aceptar que uno ha sido herido por otra persona o por una situación particular. Es importante permitirse sentir las emociones y sentimientos asociados con esa herida, como la ira, el resentimiento o la tristeza.
2.Comprometerse a perdonar: El siguiente paso es tomar la decisión consciente y comprometerse con el proceso de perdón. Esto implica estar dispuesto a dejar ir el dolor y liberarse de la carga emocional negativa que se ha llevado a raíz del evento traumático.
3.Ver a la persona con compasión: Intentar comprender a la persona que causó la herida desde una perspectiva más compasiva y empática puede ayudar a cambiar la percepción del evento y reducir la intensidad del dolor emocional.
Esta parte no es fácil, pero te pueden ayudar estas preguntas:
- ¿Qué heridas, miedos o carencias pudo estar proyectando esta persona cuando actuó de esa manera?
- Si miro su comportamiento como expresión de su nivel de conciencia, no como medida de mi valor, ¿qué cambia dentro de mí?
- ¿Puedo reconocer su humanidad y sus limitaciones sin negar el daño que me causó ni renunciar a mis límites?
Recuerda que perdonar no es justificar.
Se puede reconocer, por ejemplo, que la persona que cometió un robo estaba en una situación económica desesperada, pero eso no quiere decir que no tenga que cumplir una condena por haber cometido un delito. Ver a la persona con compasión no es justificar.
4.Comprender que el perdón es algo que te das a ti: Entender que el perdón es un regalo que nos damos a nosotros mismos y no un acto de debilidad hacia la otra persona.

5.Practicar la gratitud: Fomentar sentimientos de gratitud hacia las personas y experiencias positivas en la vida puede ayudar a equilibrar las emociones negativas asociadas con la herida.
6.Aprender a establecer límites: A veces, el perdón puede implicar establecer límites saludables con la persona que causó la herida para protegerse de futuros daños.
7.Mantener el enfoque en el presente: Evitar rumiar constantemente sobre el pasado y centrarse en el presente y en las cosas positivas que se pueden lograr en el futuro.
8.Practicar el autoperdón: Reconocer que todos somos humanos y que también cometemos errores. Perdonarse a uno mismo por las acciones pasadas puede ser parte integral del proceso de perdón.
Pregúntate:
- ¿Qué me sigo reprochando de aquella situación y qué necesitaba comprender de mí en ese momento?
- Si miro a mi yo del pasado con honestidad y compasión, ¿qué recursos, conciencia o fuerza le faltaban entonces para actuar de otra manera?
- ¿Qué castigo interno sigo manteniendo contra mí misma y qué precio estoy pagando por no soltarlo?
Si notas que esta parte te toca especialmente, puedes profundizar en este artículo sobre autoperdón y autocompasión. Y si sientes que el reproche hacia ti misma está conectado con un síntoma, una tensión o una carga emocional que no consigues soltar, podemos trabajarlo en sesión.
9.Recordar el perdón: Finalmente, comprometerse a recordar el perdón otorgado y no volver a retomar el resentimiento o el dolor en el futuro.

Si mientras leías estos pasos has pensado “esto ya lo sé, pero no puedo hacerlo”, ahí está exactamente el punto que conviene trabajar.
No necesitas más teoría. Necesitas mirar qué parte de ti sigue necesitando mantener esa defensa.
Puedes reservar un proceso inicial de 3 sesiones conmigo para explorar qué historia emocional puede estar sosteniendo tu malestar físico o tu bloqueo.
Por qué sigues bloqueada aunque entiendas que necesitas perdonar
Esta parte es clave. Muchas personas ya saben que necesitan perdonar.
Han leído libros. Han hecho meditaciones. Han escrito cartas. Han repetido afirmaciones. Incluso han dicho en voz alta: “perdono”.
Pero el cuerpo sigue igual.
¿Por qué?
Porque una cosa es entender el perdón con la cabeza y otra muy distinta es que tu sistema emocional lo registre como seguro.
A veces el rencor cumple una función inconsciente.
-Te mantiene alerta.
-Te recuerda que no debes volver a confiar.
-Te da una sensación de control.
-Te protege de sentir tristeza.
-Te evita contactar con la vulnerabilidad.
-Te permite no mirar una culpa más profunda.
Por eso no siempre basta con “querer perdonar”.
Hay que descubrir para qué tu cuerpo sigue necesitando no perdonar.
Esta es una pregunta muy incómoda, pero muy potente:
¿Qué perderías si soltaras ese rencor?
Quizá perderías la razón.
Quizá perderías la identidad de víctima.
Quizá perderías una explicación para tu dolor.
Quizá tendrías que aceptar que ya no puedes seguir esperando que el pasado cambie.
Y eso duele. Pero también libera.
Los beneficios del perdón
Por si aún tienes dudas de que lo que te está pidiendo tu cuerpo es perdonar, te diré que la ciencia ha investigado ampliamente los beneficios del perdón para la salud emocional y ha encontrado evidencia de cómo perdonar puede tener un impacto positivo en el bienestar emocional de las personas.
Algunos de los hallazgos (que en Biodescodificación manejamos pero en otras disciplinas no) más relevantes incluyen:
-Reducción del estrés: El Perdón disminuye los niveles de estrés y ansiedad. Al liberarse del resentimiento y la ira, se reducen las respuestas de lucha o huida asociadas con emociones negativas, lo que lleva a una mayor sensación de calma y bienestar.
-Mejora en la salud mental: Estudios han encontrado que las personas que practican el perdón tienden a tener una mejor salud mental general, incluyendo menos síntomas de depresión y una mayor satisfacción con la vida.
-Mayor resiliencia emocional: El perdón puede fortalecer la capacidad de afrontar y recuperarse de situaciones adversas. Al liberarse de la carga emocional negativa, las personas pueden adaptarse mejor a las dificultades y superar obstáculos con mayor facilidad.

-Mejora en las relaciones interpersonales: Perdonar puede mejorar la calidad de las relaciones con los demás. Al reducir los sentimientos de hostilidad y resentimiento, se fomenta la empatía y la conexión emocional con los demás.
-Aumento del bienestar psicológico: El perdón está asociado con un mayor sentido de paz interior y satisfacción con la vida. Al liberarse del peso emocional negativo, las personas pueden experimentar una mayor sensación de bienestar y felicidad.
-Reducción de la rumiación: Perdonar puede ayudar a reducir la rumiación, que es el proceso de dar vueltas repetidamente a pensamientos negativos. Al dejar ir las emociones dañinas, se disminuye la tendencia a obsesionarse con eventos pasados y dolorosos.
-Beneficios físicos: Algunos estudios sugieren que el perdón puede tener efectos positivos en la salud física, como la reducción de la tensión arterial y la mejora del sistema inmunológico. Insisto, en Biodescodificación tenemos amplias pruebas de ello, pero estos estudios lo corroboran.
La Biodescodificación y el perdón
El perdón, vemos por tanto, que es un proceso activo de liberarse de la carga emocional y sanar internamente, sin que sea necesario retomar la relación con la persona que causó el daño.
La base del perdón es la autocompasión y el autocuidado para que desde ahí se recupere el poder y la paz interior en el proceso de recuperación emocional.
Al perdonar de forma auténtica tal y como la Biodescodificación nos enseña, se reducen las respuestas fisiológicas asociadas con el estrés y se restablece el equilibrio en el sistema nervioso autónomo.
Al mismo tiempo, la liberación emocional que acompaña al perdón contribuye a reducir la carga emocional negativa y la liberación de estrés, lo que nos acerca al bienestar integral.
¿Cómo hace la Biodescodificación para reducir el estrés emocional que produce la falta de perdón?
En sesión trabajamos para localizar el punto exacto donde tu cuerpo pudo quedarse atrapado.
No buscamos culpables.
Buscamos sentido.
No imponemos interpretaciones cerradas.
Buscamos qué viviste, cómo lo viviste y qué no pudiste poner en palabras.
A veces aparece rabia.
A veces aparece tristeza.
A veces aparece una niña interior que no fue escuchada.
A veces aparece una lealtad familiar.
A veces aparece una culpa que llevaba años disfrazada de rencor.
Y cuando esa emoción encuentra palabras, contexto y comprensión, el sistema puede empezar a soltar carga.
No siempre ocurre de golpe. No todas las personas viven el mismo proceso. Y no prometo resultados mágicos.
Pero sí sé algo: muchas veces el cuerpo descansa cuando por fin dejamos de pelear contra él y empezamos a escuchar lo que intenta decir.
Mi historia: cuando mi cuerpo me obligó a escuchar
Durante años yo también intenté seguir funcionando.
Hasta que mi cuerpo dejó de obedecer.
La fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica me llevaron a un punto en el que tuve que mirar mi vida desde otro lugar. No solo mis síntomas. También mi forma de sostener, callar, exigirme, adaptarme y cargar con emociones que no sabía procesar.
Ese proceso cambió mi vida.
No lo cuento para prometerte que tu historia será igual que la mía. Sería irresponsable.
Lo cuento porque sé lo que es sentir que tu cuerpo se convierte en un límite. Sé lo que es no reconocerte. Sé lo que es escuchar explicaciones que no terminan de tocar el centro de lo que te pasa.
Y también sé lo que puede abrirse cuando empiezas a comprender la relación entre tu historia emocional y tu cuerpo.
Por eso hoy acompaño a otras personas desde la psicosomática y la biodescodificación.
No desde la teoría vacía.
Desde una experiencia vivida, formada y trabajada.
Cuándo una sesión puede ayudarte a perdonar
Este proceso puede ser para ti si:
- sientes que hay una herida que no consigues soltar,
- sabes que deberías perdonar, pero algo dentro de ti se resiste,
- notas que tu cuerpo se activa cuando recuerdas una persona o situación,
- vives con tensión, cansancio, dolor, ansiedad o síntomas que empeoran en etapas de estrés,
- has probado a “trabajarlo sola”, pero sigues dando vueltas a lo mismo,
- necesitas poner palabras a algo que tu cuerpo lleva tiempo expresando.
Y también te lo digo con claridad: no es para ti si buscas una frase rápida, una interpretación cerrada o una solución mágica.
Yo no trabajo así.
Trabajo con profundidad, escucha y proceso.
Reserva tu proceso de 3 sesiones
Si has llegado hasta aquí, probablemente no necesitas más teoría.
Necesitas mirar tu caso concreto.
Porque una cosa es leer sobre el perdón y otra muy distinta es descubrir qué historia sigue activa en tu cuerpo, qué emoción no se pudo expresar y qué parte de ti sigue cargando con algo que ya no debería pesar tanto.
Trabajo mediante un proceso inicial de 3 sesiones individuales online. Lo hago así porque una sola sesión no permite profundizar lo suficiente ni sostener un trabajo serio con el agotamiento, el malestar físico y la carga emocional que puede haber detrás.
Si sientes que ha llegado el momento de mirar de verdad lo que te pasa, puedes comenzar tu proceso conmigo.

Soy María Pilar Sánchez, graduada en psicología, especializada en psicosomática y biodescodificación, y autora de 4 libros. Tras superar la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica, hoy acompaño a otras personas a comprender el origen emocional de sus síntomas y bloqueos para recuperar claridad, equilibrio y bienestar.




