Biodescodificación de la alergia en niños

Es frustrante leer decenas de artículos sobre alergias infantiles y sentir que ninguno toca la raíz del problema. La mayoría de los padres buscan la solución en el entorno (el polen, los ácaros, la comida), pero se olvidan de observar el mapa emocional que comparten con sus hijos.

Es un fenómeno curioso y común: familias con dos hijos donde solo uno manifiesta alergias, o madres alérgicas que temen que sus hijos hereden su «mala suerte» biológica. Pero en Biodescodificación sabemos que las alergias no son una herencia inevitable, sino una respuesta adaptativa a un estrés emocional que el niño, por pura supervivencia, decide cargar por nosotros

En este artículo, exploraremos cómo la Biodescodificación nos permite descifrar el mensaje oculto tras las alergias infantiles. Te daré las herramientas biológicas para que identifiques el bio-shock original y des los primeros pasos para liberar a tu hijo de un síntoma que, en realidad, viene a hablarte a ti.

Síntesis: el vínculo emocional en las alergias infantiles

En Biodescodificación las alergias de los niños suelen ser expresiones somáticas del estrés de la madre.

Estas son las ideas principales del artículo:

  • Fusión emocional: durante los primeros años, el niño mantiene una conexión muy estrecha con las vivencias y el estado emocional de su madre.
  • El síntoma como solución biológica: el organismo responde de manera adaptativa ante una experiencia vivida como dramática, inesperada, intensa o amenazante.
  • Una asociación que conviene investigar: una sustancia, un alimento o un contacto pueden quedar vinculados a un momento de miedo, separación, rechazo o inseguridad.
  • La importancia del momento de aparición: observar qué estaba ocurriendo cuando comenzó la alergia ayuda a localizar el posible bio-shock.
  • Un camino sin culpables: comprender estas conexiones permite poner palabras a lo vivido y reducir la carga emocional que continúa activa en la familia. No es culpa, es pura supervivencia biológica en acción

El origen emocional de las alergias en los niños y niñas

Durante los primeros años de vida, el niño mantiene una conexión biológica y emocional muy estrecha con su madre. No solamente depende de ella para alimentarse y sentirse protegido: también percibe su tensión, su miedo, su seguridad y la forma en que está viviendo lo que sucede a su alrededor.

Laura Gutman, psicopedagoga, denomina fusión emocional a ese territorio compartido en el que la madre vive muchas experiencias del bebé como propias y el bebé participa, a su vez, del mundo emocional de la madre:

“no hay fronteras entre el ‘campo emocional de la madre’ y el ‘campo emocional del niño». La madre siente todas las sensaciones del bebé como propias y el bebé siente también las vivencias de la madre como suyas.

Su maestra, la renombrada psicoanalista Françoise Dolto, dijo «los niños son los síntomas de los padres».

Desde la Biodescodificación, esta idea invita a observar el síntoma infantil dentro de una historia familiar y no como un acontecimiento aislado.

Esto no significa que la madre haya provocado conscientemente la alergia ni que haya hecho algo mal. Significa que, cuando aparece un síntoma, nos preguntamos qué situación estaba viviendo la familia y cómo pudo experimentarla el niño dentro de ese vínculo.

En lugar de buscar culpables, buscamos el momento, la experiencia y la emoción que pueden ayudarnos a comprender la lógica biológica del síntoma.

 

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La madre y el hijo o hija son una unidad biológica hasta los tres años aproximadamente. Si mamá está sufriendo por la situación laboral de papá, el bebé está sufriendo lo mismo que sufre mamá. Quizás el padre no está muy preocupado porque confía en su buena suerte, pero el vínculo que une a la madre con el hijo hace que las emociones de ella sean experimentadas también por el bebé.

Cuando le preguntan a Laura Gutman cómo se desarrolla el vínculo entre la madre y el bebé en los primeros años de vida, ella responde que «la fusión emocional es el fenómeno por el cual la madre y el bebé comparten el mismo territorio emocional. Es decir que la  madre vive como propias las experiencias del bebé y el bebé vive como propias todas las experiencias pasadas, presentes y futuras de la madre.

En los terrenos emocionales no hay fronteras de espacio ni de tiempo, y eso que a muchas madres de bebés recientes les resulta enloquecedor es simplemente porque tratamos de pasar a una lógica racional, y no buscamos comprender desde una lógica más sutil. Sería más fácil si nos ponemos la mano en el corazón en lugar de pretender explicaciones lógicas.

Es importante saber que mientras la madre permanezca en fusión emocional con el niño, todos sus canales energéticos están abiertos, tiene un alto nivel de sensibilidad y apertura emocional.»

 

Las emociones están conectadas con el cuerpo

Como te expliqué en este post, el funcionamiento de nuestro cuerpo y el de nuestra mente, está unido al instinto de supervivencia.

El instinto de supervivencia está estrechamente relacionado con dos sistemas de protección: el sistema biológico de protección y el sistema psíquico de protección

El sistema biológico de protección, es decir, el sistema inmunitario nos protege de las agresiones físicas de origen externo. 

El sistema psíquico de protección nos ayuda cuando nos vemos enfrentados a las agresiones psíquicas de origen interno, representadas por nuestros demonios internos; y también nos permite manejar las situaciones desestabilizantes de origen externo a las que nos enfrentamos a diario, es decir, cuando los demonios internos de otros vienen a buscarnos.

Todas las emociones y sentimientos, tanto los agradables  (alegría, orgullo, felicidad, amor…) como los desagradables (dolor, vergüenza, miedo, descontento, culpabilidad, cólera, tristeza…), están profundamente arraigados en la biología.

Es decir, cuando una experiencia desborda nuestros recursos, el organismo pone en marcha una solución destinada a protegernos y favorecer nuestra supervivencia.

Contamos con diferentes sistemas de protección. El sistema inmunitario responde ante aquello que el organismo reconoce como una amenaza física. Nuestro psiquismo, por su parte, nos ayuda a afrontar los miedos, los conflictos y las situaciones externas que alteran nuestro equilibrio.

Por eso las emociones no son algo ajeno a la biología. La alegría, el miedo, la culpa, la rabia, la vergüenza o la tristeza producen respuestas que también se expresan en el cuerpo.

¿Qué sucede cuando no soy capaz de gestionar emocionalmente mis emociones negativas?

Cuando una situación nos desborda y no encontramos una forma de responder, el nivel de estrés aumenta. Si supera nuestro límite tolerable, la biología pone en marcha un programa de adaptación para ayudarnos a afrontar aquello que interpreta como un peligro.

Nuestro psiquismo registra todo lo que va sucediendo en nuestro día a día en función de la emoción con la que lo estamos viviendo.

Si la emoción con la que has vivido un suceso inesperado es demasiado intensa, piensas que no tiene solución y no la pones en palabras, decimos que has vivido un bio-shock.

Es decir, a un hecho externo inesperado y profundamente desestabilizante, que tú vives en soledad sin hablarlo con nadie y para el que piensas que no hay solución le llamamos bio-shock.

Si vivimos un suceso inesperado pero gestionamos correctamente nuestra respuesta emocional y social, no estaremos viviendo un bio-shock.

El bio-shock sucede cuando no soy capaz de responder emocionalmente a ese suceso, cuando inhibo mis pensamientos, sentimientos y emociones.

«Cuando el cerebro se encuentra en peligro por el estrés vivido ante un bio-shock, le transmite la responsabilidad de la gestión de ese estrés al órgano más idóneo para evacuarlo.

Para poder comprender que la enfermedad es la proyección de un fuerte dolor vivido y ocultado o que la enfermedad es una llamada de atención, un primer paso es estar abierto a nuevas escuchas o posibilidades y es necesario CONECTAR CON LA VIDA, para descubrir cómo la vivimos y la sentimos.» dice Ángeles Wolder-Helling. 

 

¿Cuál es el origen emocional de las alergias en niños según la Biodescodificación?

Durante los primeros años, el niño vive profundamente conectado con el estado emocional y las experiencias de su madre. Dentro de ese territorio compartido, su biología puede responder a situaciones de estrés que están afectando al equilibrio familiar. Existe una ley biológica ancestral por la que cuando somos niños absorvemos la conflictividad de mamá. Somatizamos para que mamá pueda resolver el asunto externo que le está causando estrés emocional.

Dice Thorwald Dethlefsen, que «la enfermedad física es la mejor solución que ha encontrado nuestro instinto de supervivencia ya que disminuye drásticamente el estrés psíquico que de otro modo sería insoportable para nuestro cerebro.»

El niño no decide conscientemente cargar con un conflicto ni la madre provoca voluntariamente su alergia. Es la biología la que responde de manera automática ante una situación que interpreta como peligrosa para la supervivencia. Me explico.

Imagina, por ejemplo, que una madre vive con mucha angustia su reincorporación al trabajo. Quizá teme separarse de su bebé, se siente culpable por dejarlo o piensa que otra persona no sabrá cuidarlo como ella. Aunque intente mostrarse tranquila, su cuerpo continúa viviendo esa separación como una amenaza.

En otra familia, la madre puede estar atravesando un duelo, un conflicto de pareja, dificultades económicas o el miedo a no ser una buena madre. Puede incluso pensar que lo lleva bastante bien porque sigue trabajando, cuidando, organizando y sonriendo. Sin embargo, debajo de todo eso puede existir un estrés que todavía no ha podido reconocer ni expresar.

El bebé no entiende las facturas, los horarios laborales ni los problemas de pareja. Pero sí percibe el estado emocional de la persona de la que depende. Su biología no necesita conocer la historia completa: reacciona ante la inseguridad, el miedo, la separación o la sensación de peligro presentes en ese territorio emocional compartido.

Desde esta perspectiva, cuando el niño manifiesta el síntoma, su biología está respondiendo al estrés que ha percibido dentro de la fusión emocional con su madre. El síntoma hace visible un conflicto que quizá la madre todavía no ha podido reconocer o expresar. Aunque ya no vivamos en una cueva ni papá esté fuera cazando mamuts, nuestro organismo continúa utilizando mecanismos de protección muy antiguos.

Esto no significa que la madre sea culpable de la alergia. Significa que puede existir una experiencia de estrés que merece ser escuchada. Una madre no elige tener miedo, vivir un duelo, sentirse sola o verse desbordada. Tampoco puede resolver aquello que todavía no ha conseguido identificar.

Por eso no buscamos a quién responsabilizar. Buscamos comprender qué estaba sucediendo cuando apareció el síntoma, qué emoción no pudo expresarse y qué peligro creyó percibir la biología.

La culpa paraliza y añade más estrés. La comprensión, en cambio, ofrece la posibilidad de poner palabras a lo vivido y responder de otra manera.

Como expresó Carl Gustav Jung, «el hijo muestra la sombra de sus padres y de sus ancestros, y lo hace a través de los síntomas físicos».

¿Cuándo empezó a manifestar tu hijo la alergia?

El momento en que apareció la alergia es una de las primeras pistas que debemos investigar. No basta con saber a qué sustancia reacciona el niño: necesitamos observar qué estaba ocurriendo en su vida y en la de su madre cuando comenzaron los síntomas.

Durante los primeros años existe una fusión emocional muy estrecha entre ambos. Si la alergia apareció antes de los tres años, conviene explorar especialmente qué estaba viviendo la madre durante los días o meses anteriores.

Quizá estaba sufriendo por una separación, una pérdida, un problema laboral, un conflicto de pareja o el miedo a no poder cuidar bien de su hijo. También puede tratarse de una situación aparentemente pequeña que vivió con mucha intensidad y de la que no habló con nadie.

Estas preguntas pueden ayudarte a localizar ese momento:

  • ¿Cuándo apareció el primer síntoma?
  • ¿Qué cambio se había producido poco antes?
  • ¿Vivías alguna situación que te provocaba miedo, tristeza, rabia o impotencia?
  • ¿Hubo una separación, una mudanza, una pérdida o una reincorporación al trabajo?
  • ¿Qué preocupación intentabas ocultar o solucionar tú sola?
  • ¿Había algo que no te permitías decir porque pensabas que una buena madre no debería sentirlo?

Si la alergia apareció más adelante, hasta los siete u ocho años del niño, también habrá que explorar las experiencias que estaba viviendo directamente el niño. La separación emocional entre madre e hijo es progresiva y no se produce de manera automática el día que cumple tres años.

Y, de nuevo, esto no sirve para buscar qué hiciste mal. Si hubieras sabido cómo comprender y expresar aquello que estabas viviendo, probablemente lo habrías hecho.

Investigamos ese momento porque puede contener la información que necesitas ahora, no porque debas sentirte culpable por lo que sucedió entonces.

¿Cómo gestionar las emociones cuando sucede algo imprevisto y desconocido?

La incertidumbre y los acontecimientos inesperados activan los mecanismos del estrés. Cuando sentimos que no tenemos recursos para afrontar lo que está sucediendo, el miedo, la angustia o la impotencia pueden aumentar hasta desbordarnos.

Gestionar una emoción no significa negarla, controlarla a la fuerza ni obligarnos a pensar en positivo. Significa reconocer qué estamos sintiendo, comprender qué situación lo ha provocado y encontrar una forma de expresarlo.

Sin embargo, si a pesar de la incertidumbre, en lugar de dejarnos llevar por el pánico, aliviamos el estrés negativo a través de la palabra, confiamos en nosotros mismos y nos concentramos en lo que podemos llegar a conseguir en lugar de lo que podemos perder, entonces se activará el mecanismo del estrés positivo. 

Mario Alonso Puig, miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York, dice que lo más grave en situaciones de mucho estrés es la falta de destreza en la gestión de nuestras emociones.  Añade además, que es una de las principales causas por las que enfermamos.

«El estrés positivo nos ayuda a descubrir posibilidades y a ver oportunidades que para los que permanecen en estrés negativo estarán ocultas. » 

Estas son cuatro claves fundamentales para gestionar las emociones en cualquier situación y en cualquier ámbito, por estresante que sea:

  • hablar con total sinceridad de las emociones que hay en nosotros,
  • pedir ayuda sin exigirla,
  • mirar más allá de la ira,
  • hablar de los hechos sin juzgarlos.
  • No se trata de eliminar todo el estrés —eso sería bastante complicado mientras tengamos hijos, facturas y seres humanos alrededor—, sino de evitar que permanezca activo porque no hemos podido comprenderlo ni expresarlo.

«La clave no es eliminar el estrés si no gestionarlo adecuadamente. » 

Expresar sentimientos y emociones para vivir saludablemente

Una emoción que no sabemos identificar resulta mucho más difícil de gestionar. Podemos sentir presión en el pecho, un nudo en el estómago, irritabilidad o ganas de llorar sin comprender exactamente qué nos está ocurriendo.

Poner palabras a la experiencia nos ayuda a ordenarla. No es lo mismo decir «estoy muy estresada» que reconocer: «Tengo miedo de separarme de mi hijo», «me siento sola», «estoy enfadada porque nadie me ayuda» o «me preocupa no estar haciéndolo bien».

A veces escuchamos a otra persona describir algo y pensamos inmediatamente: «Eso es exactamente lo que me pasa a mí». En ese momento aparece cierto alivio porque, por fin, podemos nombrar una experiencia que hasta entonces solo sentíamos en el cuerpo.

Expresar lo vivido no consiste en repetir una frase bonita ni en desahogarse sin comprender nada más. Se trata de reconocer el acontecimiento, la emoción y la necesidad que no pudieron expresarse cuando sucedió el bio-shock.

Las palabras no cambian el pasado, pero pueden transformar la manera en que nuestra biología continúa respondiendo a él.

Puede que ya intuyas que existe una conexión emocional, pero no consigas identificar qué estaba ocurriendo cuando apareció la alergia o cuál fue el bio-shock.

No siempre es fácil verlo desde dentro de la propia historia. En mi proceso inicial de tres sesiones individuales online te acompaño a reconstruir ese momento, explorar los conflictos que estaban activos y comprender la lógica biológica del síntoma sin añadir más culpa a lo que ya estás viviendo.

 

Biodescodificación de la intolerancia a la lactosa

Las emociones de la madre las siente el bebé como propias

El bebé siente las vivencias de la madre como propias, y no distingue entre las que son conscientes y las que no, entre las que pertenecen al pasado, al presente o al futuro.Las emociones de la madre las siente el bebé como propias

Durante la fusión emocional, el bebé participa del estado emocional de su madre aunque ella no hable de lo que está viviendo. Puede percibir tanto las preocupaciones actuales como el estrés de experiencias anteriores que se han reactivado con la maternidad.

El nacimiento de un hijo puede despertar recuerdos de pérdidas, abandonos, conflictos con la propia madre o miedos que parecían superados. Mantenerse ocupada, intentar no pensar o decirse «eso ya pasó» no significa necesariamente que la biología haya dejado de responder a aquella experiencia.

Para encontrar el posible bioshock (recordemos: un evento desestabilizante, inesperado, traumático, vivido en soledad y para el que se piensa que no hay solución) relacionado con la intolerancia a la lactosa, conviene observar qué estaba ocurriendo cuando aparecieron los primeros síntomas y qué conflicto estaba viviendo la madre en relación con la maternidad, la protección, la alimentación o su propia historia materna.

Por ejemplo, puede existir:

  • miedo a no saber cuidar bien al bebé,
  • dificultad para aceptar el nuevo papel de madre,
  • culpa por no poder amamantar o por tener que interrumpir la lactancia,
  • angustia ante la reincorporación al trabajo,
  • conflictos con la pareja sobre la crianza,
  • sensación de que otras personas (la propia madre o la suegra) cuestionan las decisiones,
  • reactivación de una relación dolorosa con la propia madre,
  • miedo a separarse del bebé o a que algo malo le suceda.

No es necesario que la situación parezca grave desde fuera. Lo importante es cómo fue vivida y si se experimentó como algo inesperado, intenso, sin solución y difícil de expresar.

Puedes empezar preguntándote:

  • ¿Cuándo aparecieron los primeros síntomas?
  • ¿Qué estaba viviendo yo en ese momento?
  • ¿Cómo me sentía en mi función de madre?
  • ¿Qué miedo, enfado o tristeza no me permitía reconocer?
  • ¿Qué situación estaba intentando resolver sola?
  • ¿Qué estaba sucediendo en la relación con mi propia madre?

Estas preguntas no pretenden demostrar que hayas causado la intolerancia. Sirven para localizar una experiencia que puede estar manteniendo activo el estrés dentro de la fusión emocional y empezar a comprender su lógica biológica.

Alergia o intolerancia a la lactosa en niños

En Biodescodificación, tanto la alergia como la intolerancia se exploran buscando la experiencia que el organismo ha asociado con aquello ante lo que reacciona.

La leche es el primer alimento del bebé y está profundamente vinculada a la madre: representa nutrición, protección, contacto, seguridad y pertenencia. Por eso, cuando aparece una reacción relacionada con la leche, observamos qué conflicto puede estar activo alrededor de la función materna o de la relación con la propia madre.

Esto no significa que la madre haya provocado conscientemente el síntoma. Significa que el bebé, dentro de la fusión emocional, puede estar manifestando una respuesta biológica relacionada con un conflicto vivido por ella y que conviene comprender dentro de su historia concreta.

La biología no analiza la situación con palabras ni decide quién tiene razón. Establece una asociación entre una experiencia vivida como muy estresante y alguno de los elementos presentes en ese momento.

Si la leche queda asociada simbólicamente con una vivencia de miedo, separación, conflicto o inseguridad relacionada con la madre, el organismo puede responder tratando de evitar aquello que representa esa experiencia.

Esto no significa que el niño rechace a su madre ni que la madre haya provocado conscientemente el síntoma. Significa que existe una asociación biológica que conviene comprender dentro de la historia concreta en la que apareció.

Nuestra biología funciona con una lógica biológica precisa

Nuestra biología funciona con códigos muy antiguos que han permitido la supervivencia de la especie durante millones de años. Aunque algunas respuestas puedan parecernos absurdas desde la lógica del siglo XXI, para el inconsciente biológico tienen sentido.

Si nuestros antepasados no hubieran aprendido que determinados hongos podían resultar peligrosos, la especie no habría desarrollado mecanismos de protección frente a ellos. Cuando el organismo interpreta que un alimento supone una amenaza, puede provocar náuseas o vómitos para evitar que lo comamos o para expulsarlo.

Durante un bio-shock, la biología también registra los elementos presentes en la experiencia: un alimento, un olor, una persona, un lugar o una sensación. En Biodescodificación, así como en la NMG, estos elementos pueden convertirse en raíles o pistas del conflicto.

Si la madre vive un conflicto intenso relacionado con su función materna, su propia madre, la lactancia o la separación del bebé, la leche puede quedar asociada con esa experiencia. Dentro de la fusión emocional, el bebé puede manifestar una respuesta biológica al entrar de nuevo en contacto con esa pista.

No significa que la madre sea mala ni que la leche sea mala. Significa que la biología ha establecido una asociación entre la leche y una experiencia vivida como peligrosa.

El proceso de autoconocimiento permite reconocer esa asociación, comprender qué emoción quedó activa y diferenciar la experiencia original de lo que está sucediendo ahora.

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Biodescodificación de dermatitis atópica, eczema y urticaria en niños

Cuando el síntoma aparece en la piel del niño, desde la Biodescodificación exploramos especialmente los conflictos relacionados con el contacto y la separación vividos por la madre.

Quizá tuvo que reincorporarse al trabajo antes de lo que deseaba, interrumpir la lactancia, dejar al bebé al cuidado de otra persona o permanecer separada de él durante una hospitalización. También puede haber vivido con culpa la sensación de no estar presente, no poder protegerlo o no darle los cuidados que había imaginado.

La separación no tiene que haberse producido físicamente. Puede tratarse del miedo a separarse, del deseo de alejarse porque la madre se siente desbordada o de una distancia emocional que no se permite reconocer.

La piel representa el contacto. Por eso los conflictos de separación pueden expresarse mediante dermatitis, eccemas o urticaria: la biología responde a la necesidad de recuperar un contacto que se ha perdido, se teme perder o se vive de manera conflictiva.

En lugar de preguntarnos únicamente qué sustancia ha provocado la reacción, también observamos qué experiencia de contacto o separación estaba viviendo la madre cuando apareció el síntoma en el hijo.

Si quieres profundizar en esta lógica, puedes leer también mi artículo sobre el significado emocional de los eccemas en la piel.

El síntoma como camino de autodescubrimiento

Mientras nuestro corazón llore, el bebé llorará, mientras la rabia y el enfado sigan vivos, aunque seamos muy amables y encantadoras, el bebé gritará y se retorcerá de furia, mientras el desamor infantil siga instalado, el niño no logrará calmarse, dice Laura Gutman.

La fusión emocional pasa a ser un maravilloso camino de autodescubrimiento. Nos permite formularnos preguntas íntimas, verdaderas, llenas de sentido, en una dimensión espiritual tal vez nunca alcanzada antes.

El bebé es un espejo de mamá y si mamá está dispuesta, este espejo permite que ella se reconozca y vea lo que está sintiendo.

Lo importante es que la madre aprenda de este contacto profundo con el bebé, lea el mensaje que la biología le está enviando y se permita conectar con sus pensamientos, sentimientos y emociones.

Este es un buen momento para que escuches a tu biología. La alergia tuya o de tu hijo está diciéndote que hay una situación estresante que tienes que manejar de otra forma.

Cómo se biodescodifica una alergia en un niño o en un adulto

Conocer el significado general de una alergia puede orientar, pero no es suficiente para encontrar el conflicto concreto. Dos personas pueden reaccionar ante la misma sustancia y haber vivido bio-shocks completamente diferentes.

Autodescodificarse resulta difícil porque observamos nuestra historia desde las mismas creencias, protecciones y puntos ciegos con los que vivimos el conflicto. Podemos elegir el acontecimiento más evidente, intentar encajar la teoría a la fuerza o descartar una experiencia importante porque creemos que «no fue para tanto».

En el caso de un niño pequeño, la exploración se centra especialmente en la historia y vivencias de la madre dentro de la fusión emocional.

Cuando la alergia aparece en un adulto, se investiga su propia experiencia y el momento en que se produjo la primera reacción.

Durante el proceso de Biodescodificación exploramos siempre con la madre:

  • cuándo apareció el primer síntoma;
  • qué sucedía en los días o meses anteriores;
  • cómo se vivió emocionalmente aquella situación;
  • qué elemento pudo quedar registrado como pista del conflicto;
  • qué acontecimientos posteriores reactivaron esa asociación;
  • qué creencias, miedos o silencios mantienen activo el estrés.

No se trata de elegir una interpretación de una lista ni de obligarse a recordar. Las preguntas adecuadas permiten reconstruir la historia, localizar conexiones que habían pasado inadvertidas y poner palabras a aquello que no pudo expresarse en el momento del bio-shock.

En mi proceso inicial de tres sesiones individuales online te acompaño a realizar esta exploración con orden, profundidad y sin añadir culpa.

En ciertos casos, se puede necesitar incluso la ayuda de la hipnosis. En este post te cuento más sobre la hipnosis aplicada a la Biodescodificación

     

    Libro para comprender el sentido emocional de las alergias

    El libro ayuda a comprender cómo una sustancia aparentemente inofensiva puede quedar asociada con una experiencia conflictiva y convertirse en una pista que reactiva la respuesta biológica. te recomiendo a Salomon Sellam y a su libro «Las alergias no existen«.

    Aquí tienes más detalles del libro

     

    Preguntas frecuentes

    ¿Por qué mi hijo tiene alergia si yo no soy alérgica?

    La madre no necesita tener una alergia para que el niño manifieste una respuesta alérgica. Dentro de la fusión emocional, el bebé no reproduce necesariamente el mismo síntoma de la madre: responde biológicamente al estrés que ella está viviendo.

    La manifestación dependerá del conflicto, del momento en que se produjo el bio-shock y de los elementos que quedaron registrados como pistas. Por eso la madre puede no presentar ningún síntoma alérgico y, sin embargo, el niño reaccionar ante una sustancia asociada con aquella experiencia.

    ¿Qué conflicto emocional hay detrás de la dermatitis atópica infantil?

    En un niño pequeño, la dermatitis atópica se explora principalmente en relación con un conflicto de contacto o separación vivido por la madre dentro de la fusión emocional.

    Puede tratarse de una separación real, como la reincorporación al trabajo o una hospitalización, pero también del miedo a separarse, de la culpa por no estar presente en la vida del pequeño o del deseo de alejarse cuando la madre se siente desbordada.

    La piel representa el contacto. Por eso es necesario investigar qué estaba sucediendo cuando apareció el síntoma y cómo vivió la madre aquella experiencia, en lugar de aplicar un significado general sin conocer la historia.

    ¿Es real que las emociones de la madre afectan al bebé?

    Sí. Durante los primeros años, el bebé mantiene una conexión biológica y emocional muy estrecha con su madre. Percibe su estado de seguridad, miedo, tensión o calma y responde a ese entorno del que depende para sobrevivir.

    Françoise Dolto explicó esta conexión mediante el concepto de fusión emocional. Desde la Biodescodificación, esta relación permite explorar cómo un conflicto vivido por la madre puede ser manifestado biológicamente por el niño.

    Reconocer esta influencia no significa responsabilizar a la madre de todo lo que le sucede a su hijo. Permite ampliar la mirada y comprender qué experiencia puede necesitar ser atendida.

    ¿La biodescodificación sustituye al pediatra?

    En absoluto. El diagnóstico, el seguimiento pediátrico y el tratamiento médico deben mantenerse siempre.

    La Biodescodificación ofrece una mirada complementaria que permite explorar el conflicto emocional relacionado con la aparición del síntoma. Su objetivo es identificar y reducir el estrés que continúa activo, sin sustituir los cuidados médicos que necesita el niño.

    ¿Tiene que asistir el niño con alergias a terapia de biodescodificación?

    No. Cuando se trata de un niño pequeño, el proceso se realiza con la madre porque exploramos el conflicto que ella estaba viviendo dentro de la fusión emocional cuando apareció el síntoma.

    El niño no necesita asistir a las sesiones, recordar acontecimientos ni explicar lo que siente. Continúa recibiendo los cuidados médicos que necesite mientras trabajamos con la historia, las emociones y las vivencias de la madre.

    ¿Quieres comprender qué estaba ocurriendo cuando apareció la alergia?

    Puede que reconozcas algunas de estas conexiones y, aun así, no consigas localizar el conflicto o el bio-shock. Es normal: desde dentro de nuestra propia historia resulta difícil ver aquello que hemos aprendido a normalizar, justificar o mantener en silencio.

    En mi proceso inicial de tres sesiones individuales online te acompaño a reconstruir el momento en que apareció el síntoma, explorar las vivencias que estaban activas e identificar las pistas que pueden estar manteniendo la respuesta biológica.

    No necesitas que el niño asista a las sesiones. El proceso se realiza contigo.

    2 comentarios en “Biodescodificación de la alergia en niños”

    1. Y luego de que el niño cumple 4 años como se manejan sus enfermedades? Ya son propias o siguen siendo de la madre.? Gracias

      1. Hola Eilha,
        la conexión de la madre con el hijo hasta los cuatro años o cinco años es muy estrecha. A partir de esa edad madre e hijo se van distanciando, aunque aún existe hasta la primera adolescencia. Es ahí, con 11 ó 12 años, cuando el joven ya va plasmando sus propios conflictos emocionales y no los de su madre, pero, no es una «ley» que se pueda generalizar. Depende mucho de la madurez del niño o de la niña.
        Un saludo

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