Significado emocional de la Tricotilomanía: caso real

La tricotilomanía es definida como un trastorno que se manifiesta como una necesidad irresistible de arrancarse el pelo de diversas partes del cuerpo, como el cuero cabelludo, cejas o pestañas, entre otros.

Tenemos que tener en cuenta que la tricotilomanía no es simplemente un mal hábito, es un trastorno que tiene profundos impactos emocionales y físicos.

En este post voy a tomar un caso clínico de dos psicólogas, Carmen Barreiro González y Silvia Oliván Torres,  publicado en la revista digital de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática, para hablar del sentido biológico y del significado emocional de la tricotilomanía como hacemos en Biodescodificación. 

Resumen: tricotilomanía, trauma infantil y regulación emocional

  • La tricotilomanía es un trastorno de control de impulsos caracterizado por el arrancamiento recurrente del cabello (cuero cabelludo, cejas o pestañas), con impacto psicológico, social y dermatológico.
  • No es un hábito nervioso, sino una conducta asociada a dificultades en la regulación emocional, ansiedad sostenida y experiencias tempranas de desprotección.
  • Existe evidencia clínica de relación entre tricotilomanía y trauma infantil, especialmente en contextos de abuso físico, negligencia emocional o apego inseguro.
  • El arrancamiento produce alivio inmediato, funcionando como mecanismo de autorregulación ante estados de activación intensa, aunque posteriormente genera culpa y vergüenza, perpetuando el ciclo.
  • El apego desorganizado y la inseguridad relacional pueden favorecer la aparición del síntoma, al dificultar la integración emocional y la mentalización en situaciones de estrés.
  • Desde una perspectiva psicosomática, la tricotilomanía puede entenderse como expresión de conflictos de identidad, desprotección y rabia inhibida, donde la agresividad no expresada hacia el exterior se desplaza hacia el propio cuerpo.
  • El cabello tiene un valor simbólico asociado a protección, identidad y pertenencia, lo que refuerza la lectura del síntoma como autocastigo y regulación del conflicto interno.
  • El tratamiento psicoterapéutico centrado en trauma, apego y regulación emocional puede reducir significativamente los episodios, como muestra el caso clínico analizado.
  • Abordar la tricotilomanía requiere un enfoque integrador que contemple la dimensión biológica, psicológica y relacional, evitando tanto la minimización del síntoma como su simplificación conductual.

Características y origen de la tricotilomanía

La tricotilomanía o alopecia autoinducida se clasifica como un trastorno de control del impulso, asociado con traumas en la niñez, así como con negligencia emocional durante el desarrollo.

Desde un punto de vista psicosomático, la tricotilomanía puede ser entendida como una respuesta a situaciones de estrés, ansiedad, o incluso como un mecanismo de auto-regulación emocional.

Las personas que sufren de tricotilomanía llegan a experimentar una sensación de alivio o gratificación inmediata al arrancarse el pelo, aunque posteriormente acaba generando sentimientos de vergüenza, culpa, o aislamiento social a largo plazo.

La padecen entre el 1 y el 2 % de la población, lo que supone un número mayor de personas afectadas del que podría parecer. Suele comenzar en la adolescencia y es más habitual encontrarla en mujeres.

Si hablamos del origen de la tricotilomanía tenemos que apuntar, como aparece en la literatura científica y en la propia clínica, a la presencia de trauma en los primeros siete años de vida, que es cuando se suele comenzar a arrancarse el pelo.  

Este es el caso de J. Una mujer diagnosticada de tricotilomanía desde la infancia, y con una larga historia de tratamientos por parte de salud mental.

Caso real de tricotilomanía

J. es una mujer de 33 años, de nacionalidad española, que acude a las consultas de psicología clínica del sistema nacional de salud a finales de febrero de 2019.

Es licenciada en arte dramático y se independizó de su familia a los 23 años habiendo residido diversas ciudades de España y Europa antes de trasladarse a Madrid en 2014, donde vive sola.

Es derivada por su psiquiatra a petición propia, para valoración y posible inicio de tratamiento psicoterapéutico.

En el momento de la consulta se encuentra de baja laboral, aunque realiza ciertas actividades relacionadas con su profesión como proyectos de teatro que lleva a cabo con amigos cercanos.

Dispone de un círculo de amigos amplio en Madrid y no tiene pareja desde hace tres años.

Le gustaría encontrar una pareja y tener hijos, pero se siente limitada en este área de su vida por su sintomatología.

 

Historia clínica de un caso de tricotilomanía

Su primer contacto con salud mental, concretamente con psiquiatría infantil, fue a los 6 años, después de nacer su hermana.

A los 10 años vuelve a psiquiatría infantil por la pérdida de pelo, habiendo empezado a darse episodios de arrancamiento de cabello un año antes.

Años más tarde, con 28 años, es diagnosticada de depresión recurrente y tricotilomanía. Tras una ruptura de pareja que se había producido un año antes, comenzó a presentar ataques de pánico frecuentes, tristeza, desesperanza y pérdida de ganas de vivir.

Comenzó a aislarse y a dejar de salir de casa, pasando una gran parte del día en la cama arrancándose el cabello.

 

Esto duró aproximada dos años, lográndose una recuperación parcial de su sintomatología anímica un año después de iniciar el tratamiento farmacológico, pero su estado de ánimo cae y los episodios de arrancamiento de cabello vuelven a aparecer cuando se incorpora en un nuevo puesto de trabajo, diferente al área en el que ella está especializada.

 

Llega a encerrarse en el baño en su puesto de trabajo durante largos periodos de tiempo para arrancarse el cabello, sin ser consciente cuánto tiempo pasa encerrada, lo que repercute en su rendimiento. .

J. es consciente de que la ruptura de pareja que tuvo lugar años antes le afectó negativamente. Fue una relación muy conflictiva con situaciones de malos tratos, por lo que J. acabó rompiendo la relación.

A pesar de ser ella la que terminó la relación, sentía un profundo sentimiento de abandono, lo que ella relaciona con un empeoramiento anímico y con la reaparición de las conductas de arrancamiento de cabello, las cuales llevaban presentes desde la infancia de forma intermitente, pero en este momento llevaban años sin producirse.

En palabras de J.:

cuando me arranco el pelo me desconecto, es como si no pasase el tiempo. Cuando esto pasa mi cabeza me dice “para por favor, ¿por qué estás haciendo esto?”, pero por otro lado va mi mano, que es como si tuviese vida propia. Es como si tuviese un monstruo dentro de mí que me destroza”.

J. tiene una profunda sensación de soledad y mucho miedo a que las personas importantes para ella le abandonen. Suele estar muy preocupada por la aprobación de los demás, llegando a sentir un nivel elevado de ansiedad en contextos sociales porque su objetivo es agradar a todo el mundo.

Es también muy perfeccionista y reconoce que se dice a sí misma “si no soy la mejor soy un monstruo” o “los demás deben pensar que soy perfecta y siempre estoy bien”, pero al mismo tiempo siente vergüenza ya que “hay algo de mí que tiene que estar perfecto, pero con lo del pelo me siento incompleta. Por eso lo necesito esconder”.

Relaciones familiares y tricotilomanía

J. es la mayor de dos hermanas. No vive con su familia, pero mantiene una relación estrecha, yendo con frecuencia a su ciudad a visitarlos.

Cuando va a verles se produce un empeoramiento de sus síntomas.

J. tiene mala relación con su padre. Ella siente miedo y enfado hacia él. Su padre le pegaba con frecuencia cuando era niña, llegando a golpearle hasta dejarle marcas y hacerle sangrar.

Estas agresiones se han prolongado hasta bien entrada la edad adulta, aunque con menos intensidad.

J. le describe como una figura rígida, agresiva y poco empática.

Con su madre J. tiene una relación ambivalente: se mueve entre el enfado y la pena.

La madre de J. es una mujer con tendencia a victimizarse, que descarga en ella su malestar y sus quejas. Mientras que su padre le pegaba, su madre negaba los conflictos presentes en casa, por lo que J. se sentía totalmente desprotegida. 

J. sentía que su madre se avergonzaba de sus hijas. Siempre deseó que fuesen perfectas, y si J. tenía un fracaso de algún tipo, su madre solía negarlos e idealizar la realidad. 

 

La hermana pequeña de J. presenta un grado de discapacidad muy elevado, siendo completamente dependiente de su madre para las actividades tanto básicas como instrumentales de la vida diaria.

Ambas hermanas mantienen buena relación en el momento actual y J. ha integrado en su plan de vida el hacerse cargo de su hermana cuando sus padres fallezcan.

En relación con la rama paterna de su familia, les describe como una familia desligada y “con problemas”. A día de hoy ella mantiene contacto con sus tías mientras que su padre no mantiene contacto con ninguno de sus hermanos.

Él es el mayor de cuatro hermanos. J. siente que su padre y su hermano son muy parecidos. Respecto a las hermanas menores: la tercera hija fue diagnosticada hace años de esquizofrenia paranoide y la menor de trastorno depresivo mayor grave.

La familia materna es una familia muy unida y cerrada, que da gran importancia al concepto de lealtad a la familia.

Su madre es la mayor de 3 hermanas y mantiene una relación estrecha con todos los miembros de la familia, aunque hay una rivalidad encubierta entre todos ellos.

En resumen, el contexto familiar de J. se caracterizaba por la presencia de abusos tanto físicos como emocionales por parte de su padre, unido a una madre que negaba los conflictos presentes en el hogar.

A esto se le suma que tuvo separarse tempranamente de su figura de vinculación principal, su abuela materna, la cual era su cuidadora principal hasta el nacimiento de su hermana, momento en el que su madre deja de trabajar para dedicarse al cuidado de las niñas.

Línea de vida de un caso de tricotilomanía

J. no recuerda demasiados datos de su primera infancia. Cree que el embarazo y parto fueron normales. Fue una niña inquieta y traviesa, aunque tímida, y con mucho carácter.

Desde una edad muy temprana pasó a quedarse a cargo de su abuela y su tía materna mientras sus padres iban a trabajar.

Esta abuela se convirtió en su figura de apego principal, y a día de hoy sigue siendo la persona en la que apoyarse y de la que recibe cariño.

 

Relaciones familiares conflictivas

Su madre no aceptó que J. mostrase más afecto hacia su abuela que hacia ella, por lo que le compraba muchos regalos para mejorar su relación, pero esto no daba buenos resultados, lo que a su vez producía más frustración en ella y se alejaba más.

Esta situación cambió, cuando a los 5 años de J. nació su hermana.

En este momento, su madre dejó de trabajar para ocuparse de la crianza de ambas niñas, reduciéndose el tiempo que J. pasaba con su abuela.

Para J.esta separación fue muy dura. Lo vivió como un abandono, con todo lo que este supone para una niña de 5 años.

A esto hubo que añadir que la situación en su casa era muy estresante: los padres tenían una relación muy conflictiva y la niña, que había nacido con un importante nivel de alteración funcional y requería (y continúa requiriendo) un elevado nivel de cuidados.

En este contexto J. tiene su primer contacto con salud mental.

Ya desde este periodo J. cuenta episodios de maltrato físico por parte de su padre y una negación explicita de que estos episodios fuesen reales por parte de su madre, la cual planteaba que eran producto de la imaginación de su hija y se esforzaba por ocultar lo sucedido.

A esta dinámica familiar se sumaba el mandato por parte de su madre de “los problemas de casa se arreglan en casa”, lo cual dejaba a J. en una situación de absoluta desprotección.

Todo este periodo J. lo recuerda con mucha ansiedad y miedo, y cuenta que sentía mucha rabia y vergüenza.

Esto la llevó, en una clara identificación con la figura de su padre, a comenzar a agredir físicamente a su hermana menor de una forma similar a la que este empleaba.

El recuerdo de estas agresiones es uno de los elementos que J. recuerda con más angustia, ya que asociada a estos se presenta un gran sentimiento de culpa y la idea de “ser un monstruo”.

Como veremos después, esta idea tendrá una gran asociación con los síntomas de tricotilomanía.

Primeros episodios de arrancamiento de pelo

En este contexto J. comienza a arrancarse las pestañas cuando cumple los 9 años.

En un primer momento, solo lo hacía en la cama cuando se iba a acostar por la noche. Lo único que recuerda si le preguntas por qué lo hacía, es que le ayudaba a calmarse.

Pasados unos meses perdió el pelo en cejas y pestañas y comenzó a arrancarse el pelo de la cabeza, llegando a producirse calvas claramente visibles.

Esto dio lugar a que dentro del ámbito escolar comenzasen a acosarla, algo que pasó desde 3o de primaria hasta finalizar la ESO.

Un año después de empezar los síntomas de tricotilomanía J. comienza de nuevo un tratamiento en salud mental que se prolonga durante 7 años, hasta la muerte de su psiquiatra, suponiendo eso una nueva pérdida de una figura importante en su vida.

En ese momento, con 17 años, J. comienza a consumir múltiples sustancias de forma abusiva hasta que comenzó a cursar sus estudios de arte dramático.

Mayoría de edad y cambios de comportamiento

En este momento, cambia su círculo social, comienza a construir su identidad en torno al concepto de ser actriz y retoma su contacto con psiquiatría.

A los 23 años se marcha del domicilio familiar para irse a otra ciudad a cursar sus estudios superiores y por primera vez desde que comenzaron los síntomas de tricotilomanía, el arrancamiento de cabello cesa completamente.

En los años siguientes vive en tres grandes ciudades europeas, siempre centrándose en el objetivo de desarrollar su carrera como actriz.

Poco después inicia una relación de pareja con un hombre mayor que ella y acaba mudándose a vivir con él a un pequeño pueblo del interior de España, lo que acabó como una relación abusiva.

Por otra parte, en el periodo que vivió en este pueblo J. tuvo síntomas similares a los que había manifestado anteriormente, pero continuó trabajando y viajando por toda España con el objetivo de desarrollar su carrera.

Posteriormente a la ruptura de esa relación, los síntomas de arrancamiento de pelo que llevaban sin aparecer desde la adolescencia, volvieron a aparecer.

 

Necesidades emocionales no satisfechas

El desarrollo de J. se vio marcado por las dificultades vividas en su infancia: violencia, maltrato y desprotección, las cuales se originaron en la incapacidad de sus pares para cubrir sus necesidades emocionales y ejercer de base segura para ella.

Además, separarse de su abuela y de su psiquiatra, dos figuras de seguridad para J., supuso un sufrimiento extra para su estructura psíquica altamente inestable que se caracteriza por un estilo de apego desorganizado.

Apego desorganizado y necesidades emocionales

Los niños con apego desorganizado muestran altos niveles de ansiedad y dificultad para confiar en los demás, ya que sus necesidades emocionales básicas no han sido satisfechas de manera predecible.

En la adultez, esto puede manifestarse en relaciones interpersonales problemáticas y dificultades para manejar el estrés y las emociones.

En este contexto J. consigue encontrar ciertas bases seguras en elementos como el teatro o sus parejas, pero estos no pueden ser sustitutos completos de la relación original de la que careció, la cual J. continúa reclamando de forma infructuosa a sus padres.

El estrés emocional que J. vivió fue tan fuerte que tuvo que desconectarse de las cosas que hacían que su mundo fuera difícil de entender y controlar. Esto llevó a que su mente se organizara de una manera poco integrada.

Conflictos emocionales asociados a la tricotilomanía

Los problemas de J. se centran en dos áreas principales:

1. Querer ser cuidada versus ser independiente: tener dificultades entre querer que otros le cuiden y querer ser completamente autosuficiente.

2. Valorarse a sí misma: dificultades para sentirte bien consigo misma y reconocer su propio valor.

 

En relación con el primer conflicto, J. ha interiorizado que no puede contar con los demás para sobrevivir, y que debe gestionar por sí misma todas aquellas situaciones que encuentra en su camino, pero al mismo tiempo, continúa anhelando que alguien rompa esta creencia y se ocupe de ofrecerle los cuidados que tanto necesitó.

Es por ello que J. se muestra altamente demandante en sus relaciones, reclamando un nivel de atención y cuidados que nunca se ve satisfecho.

Respecto al segundo conflicto, las situaciones vividas en su infancia dieron lugar a la construcción de un autoconcepto muy negativo en J., con la interiorización de la idea de no ser suficientemente buena para su madre y merecer los castigos de su padre.

Al mismo tiempo, J. necesitó disociar esos elementos para poder seguir adelante, convirtiéndose en una persona autónoma y autosuficiente.

Estas dos partes se muestran continuamente en las relaciones sociales de J. en las cuales ella considera que debe mostrarse como una persona perfecta y que esta es la opinión que los demás se construyen sobre ella, pero al mismo tiempo siente el temor constante de que descubran aquella imagen de sí misma que quedó disociada en su infancia.

 

Sentido biológico del pelo

Dice Christian Flèche en su Enciclopedia de las correspondencias entre síntomas, significados y sentimientos:

«El pelo para la mujer es sinónimo de adorno, seducción, belleza, sensibilidad. Igual que las joyas, «Es lo que quiero que la otra persona piense de mí».

Para el hombre es un signo de proyección de la fuerza, de la virilidad, del poder.

Los cabellos protegen asimismo la caja craneal de los golpes físicos y térmicos.

Los cabellos están asociados a nuestras raíces, nuestra memoria, nues­tros pensamientos. Están en relación con las esferas inconscientes, son nues­tras antenas, unidas al cielo, el hilo de nuestra alma.

Hay personas que no se cortan nunca el cabello como, por ejemplo, los sijs, pero los cabellos dejan de crecer en un momento dado, cuando llegan, más o menos, a las rodillas.

Mientras nos cortamos el cabello, vuelve a crecer, ya que tenemos necesidad de protección.

Sentido biológico de la caída del cabello

Para acercarnos más a comprender qué es lo que lleva a una persona a arrancarse el cabello, es interesante comprender cuál es el sentido biológico de la caída «involuntaria» del cabello, como es en el caso de la alopecia.

Dice nuevamente Christian Flèche:

Algunos conflictos emocionales asociados a la alopecia son los siguientes:

Conflicto de separación y de desvalorización de no ser protegido.

Problema de raíces, entendiendo por raíces la familia, los ascendentes. En estos casos son fuente de estrés.

Demasiadas preocupaciones en la vida de adulto, deseo de volver a ser niño.

Pensamiento recurrente cargado de emociones intensas «es para arrancarse los cabellos».

 

Las 5 leyes biológicas del dr. Hamer y la tricotilomanía

El doctor Hamer establece el origen de la enfermedad en la vivencia de un «DHS» (Síndrome de Dirk Hamer) o bioshock.

El bioshock o DHS es un evento traumático que ocurre de manera inesperada y dramática, causando un impacto significativo en la persona a nivel emocional y emocional, que es experimentado en soledad, lo que significa que la persona siente que no puede compartir o resolver este conflicto con otros de inmediato, y para el que piensa que no hay solución.

Pero los seres humanos podemos estar expuestos a diferentes eventos traumáticos que pueden suceder de forma simultánea en el tiempo y que impactan en psique, cerebro y órgano al mismo tiempo.

Es lo que el dr. Hamer llama constelaciones.

No entraré a detallar cómo se producen estas constelaciones porque es muy complejo, pero sí que es conveniente señalar que una de las constelaciones que el dr.Hamer identificó es la constelación bio-agresiva.

Constelación bio-agresiva y tricotilomanía

El impacto de dos bioshocks: uno vivido como rabia y rencor en el territorio y otro como conflicto de identidad, provocan la llamada constelación bio-agresiva que se manifiesta con un comportamiento agresivo o violento.

Entonces, cuando se combina en una persona un conflicto de identidad (no saber para qué estoy en la vida, no sentirse parte de un grupo o sociedad, sentirse diferente frente al resto sin encontrar un lugar cómodo, no encajar en su propia familia o cultura, son ejemplos de conflictos de identidad) sumado a un conflicto de rencor (aquí está presente la bronca y la rabia en relación con algo o alguién) surge la constelación y sus efectos.

Una característica común en estos casos de rencor vinculados a conflictos de identidad es la presencia de una figura autoritaria.

Por lo general esa figura está representada en el padre, tanto para hombres como para las mujeres. Esa figura de autoridad es la responsable de la falta de expresión o descarga característica de la constelación (no puedo decirle algo o le digo las cosas pero no hace nada).

Frente a un impulso que no se puede materializar ante quien corresponde, surge el impulso de dañarse a uno mismo, como si hubiera que hacer algo y no es posible frenarlo (en dos sentidos, uno es sacar esa rabia del interior y el otro es literalmente lastimarse).

Significado emocional de la tricotilomanía

  • El significado emocional de un síntoma se refiere a la conexión directa entre conflictos emocionales o biológicos no resueltos y las manifestaciones físicas en el cuerpo.
  • Cada síntoma físico y comportamiento tiene un «sentido biológico» específico, que es una respuesta adaptativa a conflictos biológicos o emocionales subyacentes.
  • Por lo tanto, en este caso de tricotilomanía el sentido biológico y el significado emocional se pueden explicar de la siguiente forma:
  • existe un conflicto de rencor en el territorio, generado por su padre y por su madre, hacia su padre que la maltrata físicamente y hacia su madre que no le protege,
  • también encontramos un conflicto de identidad por no sentirse parte de esa familia (y haber vivido la separación y abandono de figuras importantes como su abuela, su psiquiatra o su pareja),
  • estos dos conflictos que se mantienen activos de forma simultánea producen una constelación bio-agresiva,
  • J. no manifesta hacia el exterior sus emociones y sentimientos, motivada, entre otras cosas, por su deseo de agradar a todo el mundo y por el mandato familiar de «los problemas de casa se arreglan en casa»,
  • esta constelación produce comportamientos violentos pero J. los inhibe, desplaza y proyecta hacia sí misma,
  • el cabello es un signo de protección que simboliza igualmente las raíces y la pertenencia a un clan,
  • J. se siente profundamente desprotegida
  • el hecho de arrancarse el cabello es una forma de autocastigo con el que aliviar la tensión emocional producida por los sentimientos de rabia hacia quien no le protege y culpa por una falsa creencia de que ella es quien genera esas situaciones.
  •  

Abordaje desde la Biodescodificación de la tricotilomanía

El caso de J. fue abordado desde la psicoterapia, pero en el caso de querer abordar un caso semejante desde la Biodescodificación, y teniendo en cuenta las enseñanzas del dr. Hamer habría que tener en cuenta que:

    • Hamer enfatizaba la importancia de que la persona comprenda cómo estos conflictos biológicos afectan su cuerpo y su mente. Esta comprensión es clave para iniciar el proceso de curación.
    • Reducir el conflicto de rencor en el territorio: es necesario superar el resentimiento y restaurar el sentido de control y seguridad en el territorio personal. Esto puede implicar resolver disputas, establecer límites claros y mejorar la comunicación con figuras de autoridad
    • Reducir el conflicto de identidad: es fundamental abordar y mejorar la autoimagen y el sentido de identidad: fortalecer la autoestima, explorar y afirmar el propio rol y valor en diferentes contextos.

 

 

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la tricotilomanía?

La tricotilomanía es un trastorno caracterizado por la necesidad recurrente e irresistible de arrancarse el pelo, generalmente del cuero cabelludo, cejas o pestañas.

No es un simple hábito nervioso, sino un trastorno de control de impulsos con impacto emocional y social significativo. Suele comenzar en la infancia o adolescencia y es más frecuente en mujeres.

¿La tricotilomanía está relacionada con el trauma infantil?

En muchos casos, sí. La literatura clínica ha encontrado asociación entre tricotilomanía, experiencias traumáticas tempranas y negligencia emocional.

El caso clínico presentado muestra antecedentes de abuso físico, desprotección y apego desorganizado. Estos factores pueden contribuir a que el arrancamiento de pelo funcione como mecanismo de regulación emocional ante ansiedad intensa.

 ¿Por qué arrancarse el pelo produce alivio?

Arrancarse el pelo puede generar una sensación inmediata de descarga o desconexión emocional.

En personas con alta ansiedad o conflicto interno, el comportamiento actúa como autorregulación momentánea. Sin embargo, tras el episodio suelen aparecer culpa, vergüenza o aislamiento social, lo que mantiene el ciclo.

¿La tricotilomanía es ansiedad?

No exactamente, pero suele estar asociada a ansiedad, estrés o conflictos emocionales no resueltos.

En muchos casos se observa dificultad para regular emociones intensas, miedo al abandono, autoexigencia extrema o problemas de identidad. El síntoma no es solo ansiedad, sino una estrategia conductual para manejarla.

¿Qué relación hay entre apego desorganizado y tricotilomanía?

El apego desorganizado se asocia con dificultad para confiar en figuras de apoyo y altos niveles de ansiedad relacional.

Cuando en la infancia hubo violencia, negligencia o desprotección, el sistema nervioso puede desarrollar patrones de hiperactivación o disociación. En este contexto, el arrancamiento de cabello puede aparecer como forma de gestionar emociones contradictorias.

¿La tricotilomanía tiene un significado emocional?

Desde enfoques psicosomáticos, el síntoma puede entenderse como expresión de conflictos de identidad, desprotección o rabia inhibida.

El cabello simbólicamente se relaciona con protección, pertenencia y autoestima. En el caso clínico descrito, el arrancamiento aparece vinculado a sentimientos de culpa, abandono y autocastigo.

¿La tricotilomanía tiene tratamiento?

Sí. El abordaje puede incluir psicoterapia, especialmente enfoques centrados en regulación emocional, trauma y apego.

En el caso clínico presentado, tras el proceso terapéutico se observó una reducción casi completa de los episodios durante un año de seguimiento. La intervención temprana mejora el pronóstico.

 

Referencias bibliográficas

Barreiro, C. y Oliván, S. (2021). Trauma y disociación: a propósito de un caso de tricotilomanía. Revista digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, 11(1), 1-19. https://www.psicociencias.org/pdf_noticias/Trauma_y_disociacion_a_proposito_de_un_caso_de_tricotilomania_Barreiro_y_Olivan.pdf

Ortega, R., Rodríguez, J. y García, L. (2024). Psicodermatología: asociación piel-mente. Dermatología Revista Mexicana, 68(1), 31-41. https://doi.org/10.24245/drm/bmu.v68i1.9473

 

 

Pd. En el artículo publicado las psicólogas que trataron a J. explican que

«En el momento del alta, J. había conseguido mantener una relación más tranquila con su familia de origen, en la que ella se siente con mayor control y expresa menos deseos de que ellos cambien. Al mismo tiempo ha mantenido un menor contacto con ellos, limitándose a dos o tres llamadas semanales de corta duración.

Por otra parte, los episodios de arrancamiento de cabello han desaparecido casi por completo dándose algunos episodios aislados y de baja duración (minutos), en periodos de mayor estrés y sin apenas repercusión afectiva asociada. Esta mejoría se ha mantenido durante cerca de un año siendo el periodo de mayor duración que J. recuerda desde el 2014 sin arrancamientos de pelo importantes.

En relación con su autoconcepto, J. refleja una mayor aceptación de su persona y dispone de una narrativa más integrada sobre su propia identidad. Por otra parte, continúan apreciándose fallos en los procesos de mentalización en situaciones afectivamente intensas, pero estos son mucho más limitados, observándose un funcionamientos desde una posición mentalizadora mucho más frecuentemente que previamente a la terapia.»

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